Por Miguel A. Semán (APe).- “El viento, cuando sopla, deja semillas de plomo en los pulmones y acaba provocando fisuras irreversibles en el cuerpo y el alma”. Para qué sirve esta comida de hoy si mañana extrañaremos el hambre, se pregunta Antonia, una mujer de La Oroya, mientras sus hijos juegan en medio de una nube de polvo envenenado. La tierra, en ese pedazo de planeta, se ve cada vez más desnutrida y sucia, y el cielo, para acompañarla, corre lento y de color ceniza. LEER MAS










