La psicóloga Patricia Faur en su libro “Amores que matan” donde trata el tema de la co-dependencia, la violencia emocional, los vínculos y el stress conyugal describe la situación por la que atraviesan más mujeres de lo que uno cree en los tiempos que corren: “el desamor, que ellas llaman amor y que trae aparejado consecuencias terribles para su psiquis y su integridad física”. “El amor no mata a nadie. Lo que mata es el mal amor, la obsesión, el apego, la dependencia, pero eso no es amor”
“Lo que hace mal es la dificultad de aceptar que una relación no funciona y en lugar de romper con el vínculo las mujeres se quedan esperando que funcione nuevamente y en ese proceso se enferman”, describió.
La escritora abordó esta problemática al ver que muchas mujeres se quedaban ’atrapadas’ en relaciones que eran muy inadecuadas, muy tóxicas y que no veían una salida posible a ese problema.
“En este libro trato el tema de una relación amorosa como un comportamiento adictivo, algo que comienza a funcionar como un alterador del estado de ánimo: puede ser alguien, una sustancia o un comportamiento que las personas utilizan cuando un dolor es insoportable”, mencionó.
En lugar de tomar una pastilla, fumar o comer “lo que hacen estas mujeres es tener una relación que les proporcione la adrenalina, el vértigo o la obsesión que las distraiga de ese dolor que quieren ocultar”.
“A partir de ahí se genera un vínculo adictivo porque, indudablemente, la relación tiene esa función, y termina siendo más dolorosa que el dolor original”, precisó la psicóloga.
No es fácil admitir una situación como ésta, aseguró Faur: “cuando las mujeres llegan al consultorio no saben qué les pasa, se sienten muy angustiadas, deprimidas, con síntomas somáticos y vienen con la única intención de recuperar la pareja”.
En el libro, que publicó Ediciones B, se relatan casos resonantes como el de Alicia Muñiz y el boxeador Carlos Monzón; Carolina Aló y Fabián Tablado (el joven que mató a su novia de 113 puñaladas); María Callas y el magnate Aristóteles Onassis y hasta el legendario Barba Azul y la triste historia de Juana la Loca.
“Me pareció importante sacarle el glamour a la frase ’amores que matan’ y quise que se comprenda cómo estas relaciones pueden llevar a la locura o a la misma muerte”.
La autora dijo que esta situación puede afectar a mujeres de todas las edades y condiciones sociales: “desde los 25 hasta de 70 años hay mujeres que se convierten en el soporte afectivo y económico de sus parejas”.
Según Faur, “los efectos protectores de un matrimonio son más efectivos para los hombres que para las mujeres, ya que ellas cuidan de los otros, a su marido, a sus hijos y nietos y muchas veces se descuidan ellas mismas”.
“Cuando hay una discusión o una relación violenta -comentó-, parece haber una vulnerabilidad biológica importante en las mujeres ya que triplican sus posibilidades de tener enfermedades cardiovasculares, ver alterado su sistema inmune o las hormonas del stress”.
Finalmente, la también docente de la Universidad Favaloro, señaló que las mujeres que tienen este tipo de relaciones enfermas “se perdieron en el deseo del otro, no saben quiénes son”.
“Llegan a adultez siendo muy buenas en todas las áreas de su vida pero son como niñitas insatisfechas porque tienen una carencia afectiva en algún lugar que está demandando en ser calmada. Son inmaduras en lo afectivo”, concluyó. (Fuente: Telam, por Analía Paez - 2007)
Vínculos Adictivos
por Emilia Faur - Psicóloga Social, especialista en tratamiento de la codependencia.
Cada adicción es una reacción defensiva y una vía de escape. Todas las relaciones son narcotizantes pero el efecto químico no es una condición esencial de la experiencia adictiva. Aquí la experiencia narcotizante estaría en el vínculo adictivo con otra persona. Si bien proporcionan una fuente de bienestar al aplacar la ansiedad, su efecto es cada vez más fugaz e incrementan la sensación de vacío y malestar. La compulsión a la repetición conduce a la pérdida de la capacidad reflexiva, diluyendo la propia identidad.
En cualquier adicción buscamos algo que nos eleve, que nos saque del tedio de la “rutina”, un “subidón” y una sensación de completud que se eternice. Le sucede sentimientos de verguenza y culpa que eternizan que realimentan la dependencia, disminuyendo el bienestar y aumentando el miedo y la sensación de autodestrucción.
No hay un sujeto “adicto”: el sujeto que consume es consumido por los efectos que derrama la sustancia sobre él. El humo fuma a quien lo aspira. El alcohol a quien lo bebe y la droga a quien la consume.
Para las adicciones querer no es poder. Es una persona que para sentirse “segura” para saber que es lo que desea. No pueden sentir confianza sin dedicarse a las necesidades de los demás.
“Si vos estás bien, yo estoy bien”
La dependencia es cosa de dos: un sumiso (el dependiente manifiesto o adicto) y un controlador (el dependiente larvado). Ambos se necesitan para la supervivencia emocional insana con efectos desvastadores. Es como una caricatura adulta de la simbiosis original madre-hijo.
Hacia el desapego
El comienzo de la recuperación es “revisar el pasado”, para recuperar la autonomía frente a esos mandatos del ayer, dejando de reaccionar frente a ellos. El codependiente se recupera cuando “deja hacer a los otros”, es decir dejar de controlar a los demás y así se libera del contrato tácito de rescatar al otro para ponerlo en el buen camino.
Apegarse es involucrarse en exceso. Se puede escuchar el problema de un familiar o un amigo y no tratar de salvarlo.
La definición de los límites personales es fundamental para una relación entre pares. Estos límites establecen que pertenece a quien. La intimidad no es ser absorbido por el otro, sino conocerlo y dejar disponible lo propio de cada uno.
El desapego es aceptar que cada persona es responsable de sus actos, y dejar que afronte las consecuencias. Alguien autónomo es capaz de tratar a los otros como tales y reconocer que las diferencias no constituyen una amenaza. (Revista Uno Mismo)
Qué es la Codependencia
por la Lic. Cristina Meyrialle - La Codependencia
El concepto de codependencia comenzó a ser utilizado en los años setenta cuando se investigó el perfil psicológico de aquellas personas que tenían una relación directa e íntima con un alcohólico. El concepto se profundizó en su comprensión, definiendo al codependiente como aquella persona que se dedica a cuidar, corregir y salvar a un drogodependiente, involucrándose en sus situaciones de vida conflictivas, sufriendo y frustrándose ante sus repetidas recaídas, llegando a adquirir características y conductas tan erróneas como las del propio adicto.
Sin embargo, actualmente el concepto de codependencia tiende a ampliarse aún mas, y comprenderse como un grave problema que deviene de estar obsesivamente involucrado en los problemas de “otras personas”. Estas personas con quienes el codependiente se relaciona de manera adictiva, pueden ser personas con dependencias adictivas, con enfermedades crónicas de carácter orgánico o trastornos crónicos de tipo psicológico-emocional.
Los codependientes se caracterizan por estar tan preocupados y absortos en tratar de rescatar, proteger o curar a otro, que en el proceso encaminan sus propias vidas hacia el caos. La conducta codependiente se caracteriza por tener un efecto contraproducente lesionado tanto al “ayudador” como al ayudado. (Washton y Boundy -21-).
La expresión sintomática del codependiente se caracteriza por la necesidad de tener el control sobre el otro, por una baja autoestima, por un autoconcepto negativo, por la dificultad para poner límites, por la represión de sus emociones, por hacer propios los problemas del otro, por la negación del problema, por ideas obsesivas y conductas compulsivas, por el miedo a ser abandonado, a la soledad o al rechazo, por su extremismo (o son hiperresponsables o demasiado irresponsables). Además se siente víctima porque sacrifica su propia felicidad, tiene dificultad para la diversión y se juzga sin misericordia.
Pero la sintomatología caracterizada por estar focalizado en otro de manera obsesiva y controladora, tiene su contrapartida, la pérdida del cuidado y la preocupación por uno mismo. Es decir nos volvemos codependientes cuando evitamos ponernos en contacto con nuestros propios problemas emocionales, y no asumimos la responsabilidad por el cuidado de nosotros mismos y de nuestro bienestar, volcando la atención sobre las necesidades de otras personas. Los codependientes suelen estar tan preocupados por los otros, que llegan a negar su verdadero sí mismo y no consiguen saber quiénes son en realidad.
Como señala Charles Whitfield (24) ” …cuando nos concentramos demasiado fuera de nosotros mismos, perdemos contacto con aquello que está dentro de nosotros: nuestras creencias, pensamientos, sentimientos, decisiones, elecciones, experiencias, deseos, necesidades, sensaciones, intuiciones, experiencias inconscientes, y aún aquellos indicadores del funcionamiento de nuestro cuerpo, como el ritmo cardíaco y respiratorio.
Estos y otros elementos son parte del exquisito sistema de retroalimentación que podemos llamar nuestra vida interna. Nuestra vida interna es la parte mas importante de nuestra conciencia. Y nuestra consciencia es quien somos nosotros nuestro verdadero si mismo.”
El concepto del Niño-adulto y del Adulto-niño
El rasgo mas distintivo de una familia generadora de adicción según Washton y Boundy (21) , es que deja sin satisfacer las necesidades de dependencia de sus hijos. Estas necesidades normales en la niñez no se ven satisfechas debido a que los padres no pueden hacerse cargo de ellos por distintos motivos (enfermedad física, mental, adicciones, ausencia física). En esta situación, los niños se ven obligados a depender y cuidar de sí mismos, hacerse cargo muchas veces de sus hermanos, cuando no de sus padres. De esta manera se genera un personaje niño-adulto, prematuramente enfrentado con responsabilidades que superan sus posibilidades emocionales.
Este Niño-adulto recurre a algunos mecanismos que son los que luego definen el perfil codependiente: negación (de sus propias necesidades emocionales) omnipotencia, perfeccionismo, control, etc. Cuando este niño llega a la vida adulta, nos encontramos con el Adulto-niño que ha desarrollado una cantidad de recursos para hacerse cargo, satisfacer las necesidades, y/o controlar la vida de los otros, mientras permanece enajenado de sí mismo.
La familia del codependiente
Normalmente los seres humanos crecemos en el seno de una familia dicen Washton y Boundy (21) y en el caso de las personalidades adictivas, las vemos desarrollarse en lo que conocemos como “familias disfuncionales”. Una simple observación nos permitirá reconocer a estas familias disfuncionales como la norma (es muy probable que casi todos nosotros hayamos crecido en el seno de una familia con problemas emocionales).
Estas familias se caracterizan fundamentalmente por carecer de capacidad para brindar los recursos necesarios para enfrentar las crisis, las dificultades y los procesos de la vida. Algunas veces uno de los miembros del grupo familiar es un adicto, o bien se trata simplemente de personas con serios trastornos emocionales o problemas orgánicos crónicos. Otras veces los personajes paternos simplemente están ausentes. Por todos estos diferentes motivos estas figuras no consiguen aportar el apoyo emocional necesario para el desarrollo del niño y no le provéen de modelos sanamente adaptativos.
Charles Whitfield (24) agrega que aprendemos a ser codependientes de otros que nos rodean. En este sentido, ésta no es solamente una adicción sino -según el autor- también una enfermedad adquirida por contagio. Desde el momento en que nacemos, vemos modelos de conducta codependiente que nos son enseñadas por lo que parece un interminable cadena de gente importante para nosotros: padres, maestros, parientes, amigos, héroes y heroinas. La codependencia es además reforzada por los medios, el gobierno, la religión organizada y las profesiones relacionadas con el cuidado de la salud.
Síntomas nucleares o primarios de la Codependencia Según Pía Mellody (16):
1 - Dificultad para experimentar niveles apropiados de autoestima.
2 - Dificultad para establecer límites funcionales con las demás personas; es decir para protegerse a sí mismos.
3 - Dificultad para asumir adecuadamente la propia realidad; es decir para identificar quién se es, y cómo compartir adecuadametne con los demás.
4 - Dificultad para afrontar de un modo interdependiente las propias necesidades y deseos como adulto; es decir para cuidar de sí mismo.
5 - Dificultad para experimentar la propia realidad con moderación, es decir para ser apropiado con la edad y las diversas circunstancias.
Síntomas secundarios: (surgen del problema nuclear que es la deteriorada relación que mantienen con ellos mismos) a) control negativo; b) rencor ; c) espiritualidad deteriorada; d) adiciones o enfermedad mental o física y e) dificultad con la intimidad.
Algunas características de la Codependencia Según Charles Whitfield (22):
. Mis sentimientos acerca de quién soy yo, se sostienen si soy como tú quieres que sea y recibiendo tu aprobación.
. Tus problemas afectan mi serenidad. Yo concentro mi atención en resolver tus problemas o aliviar tu dolor.
. Yo concentro mi atención en darte el gusto, protegerte o manipularte para que hagas las cosas “a mi manera’.
. Yo elevo mi autoestima resolviendo tus problemas y aliviando tu dolor.
. Yo dejo de lado mis hobbies e intereses. Paso mi tiempo compartiendo tus intereses y tus hobbies.
. Porque siento que eres un reflejo de mí mismo, mis deseos indican cómo debes vestirte y cómo ha de ser tu imagen personal.
. Mis deseos dictan también tu conducta.
. No soy consciente de cómo me siento. Soy consciente de como tú te sientes.
. No soy consciente de lo que quiero. Yo pregunto qué es lo que tu quieres.
. Yo no soy consciente de algo; asumo que las cosas son de cierta manera (no verifico, no pregunto).
. Los sueños que tengo sobre mi futuro están relacionados contigo.
. El miedo que tengo a tu enojo y tu rechazo determina que es lo que hago o digo.
. En nuestra relación utilizo el “dar” como una manera de sentirme segura/o.
. Como me involucro tan exclusivamente contigo, mi círculo social se achica.
. Para conectarme contigo pongo mis valores de lado.
. Valoro tu opinión y la manera en que haces las cosas, mas que mi propio modo.
. La cualidad de mi vida, depende de la cualidad de la tuya.
Adicto al amor:
1 - Asignan una cantidad de tiempo, desproporcionada, una atención y un “valor por encima de ellos mismos” a la persona a la que son adictos, y es forma de centrar la atención tiene a menudo una cualidad obsesiva.
2 - Tienen expectativas irreales por lo que se refiere a la consideración positiva incondicional de la otra persona que forma parte de la relación
3 - Descuidan cuidarse o valorar a sí mismos mientras están en la relación.
Los adictos al amor suelen sentirse atraidos hacia personas que muestran ciertas características identificables y bastante predecibles, y las personas con esas características se sienten atraídas hacia los adictos al amor. A estos podemos llamarlos adictos a la evitación ( se observan con mayor frecuencia en la parte masculina de una relación romántica, aunque a veces puede suceder lo contrario)
Adicto a la evitación:
1 - Se evaden intensamente en la relación, al crear intensidad en otras actividades, habitualmetne fuera de la relación (suele tratarse de adicciones)
2 - Evitan el ser conocidos en la relación con el objeto de protegerse a sí mismos de la absorción y el control por parte de la otra persona.
3 - Evitan el contacto íntimo con su pareja, para lo cual utlilizan una variedad de procesos que llamamos técnicas de distanciamiento.
Anne Wilson Schaef (22) por su parte, profundiza y diferencia otros tipos de relaciónes adictivas entre las cuales están: la adicción a los romances, a las relaciones y adicción al sexo.
Adicción a los romances:
Las personas adictas a los romances presentan todas las características de cualquier otro adicto. Tienen la misma visión distorsionada de la realidad que ellos. Sus procesos de pensamiento se vuelven confusos y enfermizos. .Están tan centrados en imaginar, que la realidad parece no existir. Inician una relación sexual o simplemente una relación sin estar interesados por ninguna de las dos.. Buscan el “golpe” y el “riesgo” de la experienica romántica o de la nueva aventura. Son expertas en intimidad instantánea “la primera vez que nuestras miradas se cruzaron supe que era amor”.
La verdadera intimidad los asusta y la evitan sirviéndose de su enfermedad. .La adicción a los romances es progresiva. Sus adictos pasan cada vez mas tiempo en sus ilusiones y se alejan cada vez mas de todos los aspectos de su vida, de sus familias, su trabajo, sus amistades y de sí mismos. Anne Wilson Schaef (22).
Adicción a las relaciones:
Existen dos clases principales de adicción a las relaciones. En la primera, la persona es adicta a tener una relación -cualquier relación, real o en la fantasía-. En la segunda, una persona es adicta a una relación concreta con una persona concreta. En la primera, la persona está enganchada a la idea, y en la segunda está enganchado a la persona.
Las personas adictas a una relación son adictas al concepto de la relación. Se relacionan con su idea de la relación, la realidad de la otra o de las otras personas es irrelevante. Están dispuestos a sacrificar los valores personales, espirituales y morales para aferrarse a la ilusión que tienen de una relación. La ilusión misma es lo que proporciona la dosis.
Los adictos a las relaciones quieren una relación. No les preocupa quién o qué es la otra persona. Simplemente quieren a alguien, no consideran la relación como algo que evoluciona.
Los adictos a las relaciones han desarrollado habilidades para crear relaciones (enfermizas, no-relaciones o seudorelaciones). Y con frecuencia habilidades mas seductoras y útiles como la de saber escuchar, compartir sentimientos (aunque no reales o difíciles de comunicar), estar presentes y prestar atención. Por ello son muy difíciles de detectar (por parte de sí mismos y de los demás). .Utilizan para manipular y controlar, habilidades que parecen ser útiles para desarrollar una relación. Es decir “protegen su suministro” haciendo “todo lo que hay que hacer” en una relación.
Conocen y practican las habilidades superficiales de la interacción social. No saben cómo establecer una verdadera intimidad, y su habilidad máxima consiste en fingir una relación. Les aterroriza estar solos y por ello cambian de una relación a otra. Nunca se toman tiempo para sentir le dolor del término de una relación y en consecuencia llevan consigo todos los sentimientos no resueltos a la nueva relación. Anne Wilson Schaef (22)
Adicción al sexo:
El modelo adictivo nos permite comprender una gama de comportamientos sexuales que de alguna manera han sido asumidos en la sociedad como comportamientos normales. Al demostrar el matiz adictivo de estos comportamientos se ha abierto la posibilidad de ayudar a los adictos sexuales que sufren y padecen una enfermedad progresiva y fatal que también puede causar estragos en los demás.
Esta adicción, como cualquier otra, constituye una alteración del estado de ánimo y afecta al individuo como cualquier droga que altera el ánimo. La obsesión sexual se convierte en una “dosis” y las personas adictas la obtienen de la dosis del sexo.
… La obsesión sexual llega a controlar la vida de las personas, que cada vez necesita mas tiempo y energía en la actividad sexual para obtener los mismos resultados.
La sexodependencia es una obsesión y una preocupación por el sexo, en las que todas las percepciones y relaciones son vistas de un punto de vista sexual. Esta situación es fuente de dolor, de confusión y de miedo para la persona adicta y para aquellas con las que el adicto intenta relacionarse. .La sexodependencia es una dependencia que se oculta porque comporta un componente particularmente grande de vergüenza y de negación. Paradójicamente es una de las dependencias que está mas asumida en nuestra sociedad como “normal”.
La adicción al sexo se puede presentar en una forma que se ha llamado “anorexia sexual”, que según Patrick Carnes (7) se caracteriza por:
- Terror al placer sexual
- Miedo morboso y persistente al contacto sexual
- Obsesión y extrema vigilancia con respecto a asuntos sexuales
- Preocupación por la actividad sexual de los demás
- Deformación de la apariencia corporal
- Aborrecimiento extremo de las funciones corporales
- Dudas obsesivas sobre la propia adecuación sexual
- Actitudes rígidas y enjuiciadoras sobre la conducta sexual
- Vergüenza y aborrecimiento por las experiencias sexuales propias
- Necesidad de evitar la intimidad a causa del miedo sexual
- Conducta autodestructiva para limitar, detener o evitar del sexo.
Cualquier forma de sexodependencia se presenta frecuentemente asociada con alguna de las demás dependencias adictivas.
Abuso físico, Abuso y Acoso moral y Codependencia:
La existencia de personalidades con características psicopáticas en donde la mentira, la manipulación y el abuso físico y acoso moral son las reglas de juego, los convierte en potenciales parejas de los codependientes. Estas personalidades atraen al codependiente que tiene que atender, cuidar, y estar al servicio de ellas. Generan una relación de tipo vampírica, en donde el codependiente es “chupado” y agotado, conviertiéndose en la víctima que intenta satisfacer permanentemente a su victimario.
La violencia física es una evidencia clara del abuso, pero la violencia solapada, subterránea, que se manifiesta a través de comentarios descalificadores; de ironías; de un silencio manipulador; o bien de la permanente culpabilización de la víctima, es la mas difícil de desenmascarar. En la obra de Marie France Hirigoyen (10) a estas personalidades abusadoras se las designa con el nombre de perversos narcisistas.
La autora se ha encargado de describir con detalle estas personalidades y sus modalidades vinculares con sus víctimas, y es en éstas últimas que podemos reconocer con facilidad el perfil codependiente:
…Las víctimas normalmente sufren en silencio.. Socialmente a menudo se niega o se quita importancia a la violencia perversa en la pareja y se la reduce a una mera relación de dominación. También señala la tendencia de la psicología psicoanalítica a hacer a la víctima responsable por las conductas violentas del abusador. Muchas veces las agresiones son sutiles, no dejan rastro tangible y los testigos suelen interpretarlas como simples aspectos de una relación conflictiva.La víctima no se da cuenta de que esta siendo manipulada, y sólo cuando la violencia se vuelve muy explícita, es que el misterio se devela con la ayuda de intervenciones externas.La relación siempre empieza con encanto y seducción y termina con comportamientos psicopáticos graves. En la primera fase las víctimas son paralizadas, en la siguiente son destruidas.
La identidad del codependiente se hace clara en el trabajo de Hirigoyen (10) cuando señala que la víctima ideal es una persona muy escrupulosa que tiene una tendencia natural a culpabilizarse.Una personalidad pre-depresiva, apegada al órden, que se sacrifica por los demás y que acepta con dificultad que otros la ayuden.
Personas que se ganan el amor del otro siendo generosos y poniéndose a su disposición. Que soportan mal las torpezas y los malos entendidos e intentan subsanarlos y en caso de dificultad multiplican sus esfuerzos, se agotan, se sienten superados por los acontecimientos, se culpabilizan, trabajan aún mas: “Si mi compañero no está contento o es agresivo, es por culpa mía”. Cuando se comete un error, tiende a atribuírselo. Los perversos narcisistas por su parte, vuelcan su culpabilidad sobre su víctima. Con el fin de eludir la violencia las víctimas tienden a mostrarse cada vez mas amables y conciliadoras. Viven con la vana esperanza de que ese odio se disolverá en el amor y la benevolencia.
Nota relacionada: Amor Vaciante y reciprocidad

