La voz de los protagonistas - Muchos escolares contaron que sus padres les dicen que les peguen a sus compañeros. Los chicos tienen sus propias explicaciones de por qué en las escuelas se comportan de manera agresiva. “Porque los padres no les prestan atención, porque les enseñan que cuando los molesten en vez de hablar peguen, porque tienen el padre en la cárcel, porque se odian o porque es normal hacerse burla”, revela el estudio realizado en la Facultad de Psicología de la UNT. Otro estudio concluye que los alumnos violentos provienen de hogares donde los castigan y que se les enseña en los hechos que una respuesta física unida a un discurso desacalificador es la manera de resolver los problemas.
Saben perfectamente que la violencia es algo malo y dañino que no tiene que existir. Desde muy pequeños, cuando comienzan la escuela, los niños ya son capaces de asociar la palabra con ideas relacionadas a la muerte, los golpes, los maltratos, la falta de respeto, los gritos y las humillaciones, según se desprende de la investigación realizada en la Facultad de Psicología de la UNT.
Además, los chicos tienen sus propias explicaciones de por qué en las escuelas se comportan de manera agresiva. “Porque los padres no les prestan atención, porque les enseñan que cuando los molesten en vez de hablar peguen, porque tienen el padre en la cárcel, porque se odian o porque es normal hacerse burla”, revela el estudio.
Según los investigadores, estas son explicaciones serias y que hay que tener en cuenta. En base a las respuestas de los niños, los especialistas elaboraron algunas propuestas de prevención: construir un espacio donde los niños puedan hablar sin temor a represalias, donde los chicos transformen el “no se aman y no quieren jugar juntos” en un lugar para hacerse amigos y prestarse las cosas. “Los niños proponen que los dejemos expresarse, y que los escuchemos, y les piden a los adultos que hablen entre ellos como una forma de lograr mermar la violencia”, concluyeron los investigadores.
Cómo mermar la violencia escolar
- Ante la pregunta ¿que harían para mermar la violencia entre ellos?, los niños dieron dos tipos de respuestas: las de tinte autoritario y otras más centradas en el diálogo .
- “Que la señorita se ponga firme y los rete”.
- “Que nos reten los grandes y que los padres nos castiguen”.
- “A los chicos violentos hay que expulsarlos, suspenderlos y tirarles la oreja”.
- “Que la señorita les hable y les enseñe”.
- “Hacer una junta de padres”.
- “Hacerse amigo, reunirse en una casa y hablar para que no se peleen”, “que nos prestemos y convidemos las cosas”.
Los alumnos violentos provienen de hogares donde los castigan
Investigación. Los métodos de crianza agresivos influyen en los comportamientos en las aulas. El 77 % de los niños encuestados reveló que fue golpeado alguna vez por un compañero. El 57% no se defiende.
Curiosos y demandantes
“Los niños de 8 ,9 y 10 años son los más castigados, ya que por su edad son más inquisidores, demandantes y curiosos, lo que refuerza la falta de tolerancia del adulto”, detalla la investigación. “A los 11 y 12 años el castigo físico ha sido internalizado como algo natural. Sus respuestas muestran la eficacia de los mandatos del adulto, al reforzar conductas de sometimiento, aceptación pasiva y a-crítica”, añade.
El 90 % de los niños ha recibido alguna forma de castigo físico, que es utilizado por los padres como método de crianza. Los chicos aprenden e internalizan estos métodos violentos como modelos comunes, que luego se traducen en comportamientos agresivos o de sometimiento en la escuela.
A esta conclusión arribó un grupo de especialistas que realizó una investigación, en el marco de la cátedra de Psicología Evolutiva de la Niñez, de la Facultad de Psicología de la UNT. El trabajo estuvo dirigido por Marta Antonia Salas y Julia Carreras y fue realizado por los psicólogos María Elena Casacci, Daniel Medina e Isabel García y por el sociólogo Alejandro Hogas. El proyecto, que fue subsidiado por la Secretaría de Ciencia y Técnica de la UNT, se realizó durante los últimos tres años entre más de 200 niños de entre 8 y 12 años de escuelas rurales y urbanas.
En el primer trabajo, “La violencia física: su incidencia en la familia y en la escuela en Tucumán”, se revela que “los padres tienden a disciplinar a sus hijos en una sola dirección: la obediencia, mediante órdenes que van siendo inscriptas en la subjetividad del niño como prohibiciones: ‘no salgas a la calle’, ‘no te ensucies’, ‘no contestes’. Los padres pegan o castigan porque los hijos hacen cosas que a ellos no les gusta. Todos los mandatos son merecedores de castigos”.
El estudio detalla que las formas predominantes de castigo reiterado son la paliza (el 50%), el cintarazo (33%) y el chirlo (27%). “El castigo corporal es usado porque los padres desean la obediencia ante todo lo que expresan. Todo se basa en la idea transmitida de generación en generación y que hoy sigue vigente en nuestra sociedad: ‘que la letra con sangre entra’”, remarcaron los investigadores.
En el segundo proyecto de investigación, titulado “Comportamientos violentos en los niños en escuelas urbanas y rurales de Tucumán”, se demostró que el 77 % de los niños encuestados son agredidos por otros compañeros, ya sea en forma verbal o física. Además, el 57 % de los niños dijo que no se defiende, ni busca ayuda; son pasivos y carentes de respuestas frente a las agresiones.
A partir de los dos trabajos, los especialistas marcaron la estrecha relación existente entre las pautas de crianza que han configurado en algunos niños conductas intimidatorias y en otros conductas de sometimiento y que se ven en la escuela. “Los estudios muestran que los que agreden e intimidan a otros con frecuencia provienen de hogares donde el castigo físico es lo más frecuente, se les enseña en los hechos que una respuesta física unida a un discurso desacalificador es la manera de resolver los problemas”, apuntaron.
Fuente: La Gaceta

