Norte Argentino: “Zona de alerta” por fiebre amarilla

La autoridades nacionales y provinciales diseñan un “escudo sanitario” que impida que este mal, que llega desde Brasil, Paraguay y Bolivia, se desarrolle en nuestras tierras. Aseguran que hay stock de vacunas necesario para evitar la expansión.

El norte argentino ya es considerado como una “zona de alerta” por el brote de fiebre amarilla en Brasil, Paraguay y Bolivia, por lo que autoridades nacionales y provinciales diseñan un “escudo sanitario” que impida que este mal se desarolle en el país.

La estrategia oficial busca sobre todo llevar tranquilidad a la población, ante el notorio incremento de la demanda de vacunas contra la fiebre amarilla que se registra incluso en zonas del país en las que no existe un riesgo concreto de contraer la enfermedad.

En diálogo con la agencia Noticias Argentinas, el director de Prevención de Enfermedades y Riesgos del Ministerio de Salud, Hugo Fernández, aclaró que por este motivo el Gobierno nacional no enviará dosis de la vacuna a Paraguay hasta tanto no se inmunice el territorio argentino comprometido por el virus.

No obstante, Fernández aclaró que se seguirá atendiendo a la población paraguaya que viva en la zona fronteriza y que cruce en busca de auxilio, como viene ocurriendo en las últimas semanas en Misiones y Formosa.

Esta es la orden que se impartió hacia todos los vacunatorios instalados en zonas de frontera, como el ubicado en el puente internacional San Roque González de Santa Cruz, que une Posadas con la ciudad paraguaya de Encarnación, donde se aplica un promedio de casi 500 dosis diarias.

0Allí, el 80 por ciento de las personas vacunadas son ciudadanos paraguayos, quienes se acercan desesperados a los vacuntarios argentinos ante la escasez del fármaco en tierras guaraníes.

“La Argentina dispone del stock necesario de vacunas para satisfacer la demanda local”, aseguró Fernández, quien de todos modos hizo notar que “en nuestro país no se registran casos de fiebre amarilla desde el 1871″, cuando la enfermedad asoló a Buenos Aires y comunidades de Corrientes.

El funcionario nacional reconoció, sin embargo, que “hay riesgo en la zona rural del norte argentino, dado que se detectó la existencia del virus en su forma selvática”.

Esto quiere decir -según indicó Fernández, bioquímico de profesión- que las áreas urbanas, por el momento, “no corren peligro”, ya que no se notificaron oficialmente casos del virus en su fase urbana.

No obstante, para el próximo lunes se espera el resultado de un análisis efectuado a una joven paraguaya que se encuentra internada en el hospital Muñiz porteño, aquejada por síntomas coincidentes con el de la fiebre amarilla.

EL NORTE, EN ALERTA

Misiones es la provincia más comprometida porque se supo que el virus impactó en al menos 17 monos causándoles la muerte, por lo que esas poblaciones “están en estado de alerta y emergencia”, aunque la advertencia también corre para Formosa, Corrientes, Jujuy y Salta.

Para hacer frente a este mal, que fue fuente de epidemias devastadoras en todo el mundo en el siglo XIX, el Gobierno ordenó reforzar las acciones de inmunización que se desarrollan todos los años, en especial en los adultos.

Esto es así porque “los niños de hasta 12 meses residentes en esas zonas están, por ley desde 2003, vacunados contra la fiebre amarilla, lo que ahora facilita el trabajo”, precisó Fernández en diálogo con NA.

También se dispuso fortalecer el sistema de vigilancia epidemiológico en todo el país, “ya que muchas personas de Paraguay vuelven a la Argentina y pueden enfermarse acá”.

“Por lo tanto, el sistema debe estar capacitado para su inmediata detección y diagnóstico”, sostuvo el funcionario, quien reiteró en varias oportunidades que el virus “no se transmite de humano a humano”.

Agregó que en las regiones de riesgo como Formosa, Misiones, Corrientes, Jujuy y Salta -limítrofes con Brasil, Paraguay y Bolivia en cuyos territorios se notificaron en total 21 casos mortales- se acentuarán las tareas de control de los criaderos de
mosquitos.

“Acordamos con las provincias aunar criterios para implementar todas las acciones tendientes a controlar los criaderos de mosquistos promoviendo la limpieza de floreros y evitando recipientes con agua estancada. También, se desarrollarán fumigaciones estratégicas, algunas de las cuales ya comenzaron”, destacó el director nacional de Prevención de Enfermedades.

Las medidas de prevención fueron acordadas al finalizar la semana durante la reunión del Consejo Federal de Salud, de la que participaron además de Fernández, la ministra de Salud de la Nación, Graciela Ocaña; el secretario de Promoción y Programas Sanitarios, Juan Carlos Nadalich; y los ministros de Desarrollo Humano de Formosa, Corrientes, Misiones, Jujuy, Salta y Chaco.

Los titulares de esas carteras insistieron en la necesidad de una mayor frecuencia y cantidad en los envíos de vacunas, a lo que Fernández subrayó que se reforzarán esas zonas en los próximos días con el envío de 100 mil nuevas vacunas, a las 200 mil ya repartidas.

Fuente: 26 noticias

¿Qué es la fiebre amarilla?

La fiebre amarilla, o vómito negro (también llamada la Plaga Americana), es una enfermedad viral aguda e infecciosa causada por “el virus de la fiebre amarilla”, que pertenece a la familia de los Flaviviridae, y del género Flavivirus amaril.[3] Es una causa importante de enfermedad hemorrágica en muchos países de África y sudamérica, a pesar de la existencia de una vacuna efectiva. Lo amarillo de la enfermedad se refiere a los signos de ictericia que afectan a algunos pacientes.

Historia

La fiebre amarilla ha sido una fuente de epidemias devastadoras en el pasado. Soldados franceses fueron atacados por fiebre amarilla durante la Revolución Haitiana de 1802, en donde más de la mitad de la milicia murió por razón de la enfermedad.[5] Cada nuevo brote era seguido por miles de muertes en las localidades del hemisferio occidental, hasta que las investigaciones, incluyendo aquellas con voluntarios humanos (algunos de los cuales fallecieron), conllevó al entendimiento del modo de transmisión a los humanos (principalmente por mosquitos) y el desarrollo de una vacuna, junto con otros esfuerzos preventivos al comienzo del siglo 20.

A pesar de la costosa y sacrificante aparición de conocimientos por el médico cubano Carlos Finlay y el médico estadounidense Walter Reed, y muchos otros en los últimos 100 años, varias poblaciones no-vacunadas en muchas naciones en desarrollo del África y Sudamérica, continúan en gran riesgo.[6] Para 2001, la Organización Mundial de la Salud estima que la fiebre amarilla causa 200.000 enfermedades y unas 30.000 muertes cada año en poblaciones no-vacunadas.

Diagnóstico

El diagnóstico en zonas endémicas suele establecerse a partir de los datos clínicos. La confirmación del diagnóstico requiere la demostración de un ascenso al cuádruple en el título de anticuerpos en un paciente sin historia reciente de vacunación frente a la fiebre amarilla y si se han podido excluir reacciones cruzadas frente a otros flavivirus, o la demostración del virus de la fiebre amarilla, sus antígenos o genoma en tejidos, sangre o líquidos biológicos.

Tratamiento

No existe tratamiento eficaz para la fiebre amarilla, justificando la importancia de la vacunación. En los casos graves está indicado el tratamiento sintomático y de soporte, particularmente la rehidratación y el control de posible hipotensión. La mortalidad global es del 5% en poblaciones indígenas de regiones endémicas, aunque en los casos graves, en epidemias o entre poblaciones no indígenas, hasta el 50% de los pacientes pueden fallecer. Ciertos casos resultan en insuficiencia renal aguda por lo que la diálisis es importante.

Pronóstico

Reportes históricos han mostrado la tasa de mortalidad entre 1 de 17 (5.8%) y 1 de 3 (33%).[13] Las notas informativas de la OMS para la fiebre amarilla, actualizadas en 2001, cita que 15% de los pacientes entrarán en una «fase tóxica»y que la mitad de ellos morirían entre 10 a 14 días, y la otra mitad se recuperaría.[14]

Profilaxis

En 1937, Max Theiler, trabajando para la Fundación Rockefeller, desarrollo una vacuna para la fiebre amarilla, la cual efectivamente protege a aquellas personas que viajan a áreas afectadas, manteniendo a su vez un medio de control de la enfermedad.

La profilaxis se realiza mediante el uso de una vacuna que es eficaz desde los 10 días hasta diez años después de colocada y por medio de medidas de control que se basan en el aislamiento de los enfermos para evitar en lo posible que sean picados de nuevo por los mosquitos vectores, así como en la desinsectación, el control de mosquitos y el empleo de medios que eviten las picaduras (ropa protectora, repelentes, redes), aunque estas últimas no siempre son eficientes en el control del mosquito.[15] El mejor método de control es la vacunación de la población receptiva (habitantes de zonas endémicas y viajeros a éstas).

Estudios recientes han descubierto un incrementado número de áreas afectadas por infecciones virales transmitidas por mosquitos y han justificado la investigación y financiamiento de vacunas.

Fuente: Wikipedia

Dejar comentario