Cap. 9 del libro “El Animal Político” por Dr. en Psiquiatría Andrés Flores Colombino - Acostumbrarse a la impunidad de transgredir sin ser castigado, es una consecuencia del sistema de privilegios. Este prohíba el abuso, la desconsideración, el orgullo, el desprecio, el destrato, la humillación del otro. Y la corrupción, tan vigente. Porque siempre que hubo privilegios, hubo corrupción. Cuando se cobra fuera del presupuesto, cuando se reclama o se acepta el soborno, la coima, el regalo, a cambio de favorecer indebidamente a uno de varios oferentes, desde una posición privilegiada de poder, se cae en la corrupción. Corrupción es una palabra ligada a la podredumbre.
Corrupción es una palabra ligada a la podredumbre, descomposición orgánica de las cosas hasta su desnaturalización y degradación. Una persona corrupta es venal, es decir, cobra por lo que debiera ser gratuito. Si alguien se cree con derechos superiores a los demás, sólo por poseer circunstancialmente el poder, privilegio que tiene limitaciones, cae fácilmente en la corrupción. Porque también cree que ese poder debe ser recompensado con honores, distinciones y más dinero del que le asigna el presupuesto. Y se corrompe.
El sistema de privilegios alienta la pretensión vanidosa de aquello que no se merece por derecho. El sistema de privilegios de una sociedad injusta no proclama el talento y la virtud, sino una caprichosa jerarquía ligada a la desigualdad de los hombres por motivos ya mencionados de clase, riqueza, raza o fe, y crea siempre un sistema de poder injusto y arbitrario, discriminatorio, represivo.
El poder ejercido por los mandatarios del pueblo, es decir, por quienes son elegidos por el mismo para gobernar por un tiempo limitado, como un servicio a la comunidad, no corrompe. No es una verdad absoluta la que afirma Monseñor Zaspe en su reflexión ya citada: “El poder corrompe…”. Pero es una gran verdad lo que termina diciendo: “.y el poder absoluto corrompe absolutamente”.
Reconocemos que el ejercicio del poder está plagado de peligros y tentaciones, expone a la persona con poder a la seducción del privilegio, a ceder al deseo afrodisíaco del poder para siempre, perpetuo, de la tiranía. Y expone al poderoso a caer en la corrupción de los adulones morales y económicos, que no distinguen ideales ni legitimidades.
Los corruptores compran el poder para mantener o incrementar sus privilegios, pagando a los corruptos que tienen el poder como mercancía.
Dicen: “Todo hombre tiene su precio. Sólo es cuestión de encontrarlo”. Son tan corruptos los corruptores que pagan, como los corrompidos que reciben. Porque los primeros pagan por privilegios y los segundos se venden por abusar del poder y otorgar esos privilegios a quienes no los merecen.
El sistema de privilegios es perverso. Y está en la fuente, la raíz de la corrupción. La tentación de volver a las formas medioevales del poder, de nobles y plebeyos, de pobres y ricos como destino incuestionable y natural de las personas, está en la esencia del orgullo y la ambición, enemigos eternos de la libertad y la dignidad humanas. El tema es moral. Nuestros dirigentes deben ser electos por la magnitud de sus virtudes. No por la magnanimidad de sus anunciantes que les han comprado de antemano su voluntad y su moral.
El animal politico: Psiquiatría y Poder del Dr. Andrés Flores Colombino - Médico psiquiatra y geriatra gerontólogo. Autor de 20 libros. A&M Ediciones (1999) - ISBN-10: 9974759404
Fuente y más extractos: La Rueda










