“Los pobres son como un bonsái. Si tomás la semilla del árbol más grande y la ponés en una maceta chica, crece poco. Cuando la gente me pregunta qué anda mal con los pobres, les contesto que no hay nada de malo con la semilla: el problema es la maceta. Es el sistema el que no los deja crecer y desarrollarse“. “El problema en la Argentina es el marco legal, que no incentiva los créditos para este tipo de personas. Primero, las organizaciones sociales tienen que empezar a presionar al gobierno para que modifiquen las condiciones. Sólo así van a conseguir el desarrollo de los microcréditos”. dijo Muhammad Yunus, premio Nobel de la Paz 2006.
Lejos de ser una máxima ética o una mera expresión de deseo, la frase encierra la base de la filosofía que llevó al bengalí Muhammad Yunus a gestar, en los años 70, un innovador sistema de microcréditos para proyectos productivos de millones de pobres, iniciativa por la cual obtuvo, en 2006, el Premio Nobel de la Paz.
De paso por esta ciudad, con motivo del Foro Poder de Filantropía, Yunus habló con LA NACION y opinó que la Argentina debe modificar su marco legal para poder desarrollar los microcréditos en gran escala, y que son las mismas organizaciones sociales las que deben presionar para que este cambio se genere.
A partir de 1972, justo en la época posterior a la independencia de Bangladesh, cuando el país se encontraba sumergido en la pobreza más absoluta, Yunus gestó su sistema de microcréditos. Esta confianza ciega en las potencialidades de sus conciudadanos más necesitados lo llevó a crear años más tarde el Grameen Bank, que otorga microcréditos para proyectos productivos a 7,45 millones de pobres -97% de ellos, mujeres- y brinda servicios en 81.334 aldeas de su país. El éxito de su propuesta reside en que cerca del 99% de los préstamos son devueltos, lo que permite generar nuevas líneas de crédito.
-En la Argentina, la mayoría de los microcréditos son otorgados por el sector social. ¿Por qué no consiguen alcanzar una escala de mayor impacto?
-El problema en la Argentina es el marco legal, que no incentiva los créditos para este tipo de personas. Primero, las organizaciones sociales tienen que empezar a presionar al gobierno para que modifiquen las condiciones. Sólo así van a conseguir el desarrollo de los microcréditos.
-Cuando ustedes comenzaron en Bangladesh, ¿ya tenían el contexto legal propicio?
-No, y tuvimos que esforzarnos mucho para lograr el cambio. Por suerte, yo tenía conocidos en el gobierno, que me ayudaron con ese tema.
Luego de más de 35 años de trabajo en pos de mejorar la calidad de vida de las personas de menos recursos y de luchar por un acceso igualitario al crédito, su modelo es replicado en el mundo entero por millones de organizaciones, cooperativas e incluso bancos privados.
-¿Qué cambió cuando recibió el Nobel de la Paz?
-De pronto estaba en la tapa de todos los diarios. Estuve durante varios años gritándole desesperadamente al mundo sobre la necesidad de sacar a la gente de la pobreza a través de los microcréditos y nadie me escuchaba. Ahora lo susurro y todos me escuchan. Ese fue el gran cambio.
-¿Cómo empezó a gestarse el Grameen Bank?
-Yo estaba enseñando Economía en mi país y la gente se estaba muriendo de hambre. Se me hizo obvio que tenía que acercarme humanamente a estas personas que estaban sufriendo. Descubrí que algunos estaban pidiendo plata para poder salir adelante. Entre 42 personas se habían endeudado por 27 dólares. Lo que se me ocurrió fue que si yo conseguía ese dinero, ellos se podrían librar del préstamo. Eso fue lo que sucedió, y su respuesta fue increíble. Me convertí en un ángel por sólo 27 dólares.
¿Qué respuesta obtuvo de los bancos privados?
-Fui a un par de bancos para conseguir pequeñas sumas, pero siempre me respondían que no se les podía prestar plata a los pobres, que son justamente quienes más la necesitan. Entonces se me ocurrió salirles yo de garante y así fue como empecé a emitir cheques para darles préstamos y que pudieran tener algún proyecto productivo. Me cansé de tener que estar convenciendo a los bancos y en 1983 decidimos crear el nuestro.
¿Qué filosofía sustenta a Grameen?
-Los hombres disfrutan de la misma manera el hacer dinero que ayudar al prójimo. Antes sólo existía el negocio de hacer dinero, y nosotros introdujimos el negocio social, que significa hacer negocios ayudando a los demás. No existe una dicotomía entre caridad y negocio.
¿Por qué las mujeres son el centro de la propuesta de Grameen?
-Cuando comenzamos, los bancos convencionales no les daban créditos a las mujeres, aunque fuesen ricas. Yo les quería demostrar que estaban equivocados. Nos llevó seis años que el 50% de los créditos estuviesen dirigidos a las mujeres, que son las más responsables y las que priorizan el bienestar del hogar y de la familia. Ahí decidimos enfocarnos completamente en este grupo: hoy reciben el 97 por ciento de los créditos que otorgamos.
¿Qué importancia tiene la educación en este cambio de cosmovisión?
-La educación es vital y por eso decidimos que uno de los requisitos para poder recibir un microcrédito es que los hijos vayan al colegio. Como a algunos les empezó a ir muy bien en sus estudios, creamos becas para que pudiesen ir a la universidad. Hoy nace una nueva generación de jóvenes.
¿Qué vino después de los microcréditos?
-Empezamos a generar líneas de crédito para que la gente mejore su calidad de vida. Por ejemplo, creamos el Grameen Phone, para que todos pudiesen tener un teléfono; hoy hemos otorgado préstamos para 32 millones de teléfonos celulares.
¿Qué opina de las cooperativas en América latina?
-El problema es que esas cooperativas no están enfocadas sólo a personas de bajos recursos. En Grameen es una condición necesaria ser pobre para poder acceder a los préstamos.
Por Micaela Urdinez - Enviada especial - LA NACION - Martes 15 de abril de 2008
Fundación Grameen (Aldeas) Argentina
Notas relacionadas: «Todo el mundo puede ser impulsor de cambios»
Desempleo y emprendedores

