La Regla de San Benito (año 540 d. C.) obligaba a los monjes a guardar silencio y reposo después de la “hora sexta”, un rezo breve que se hacía justo después de la comida monacal. La norma de descansar después de esa oración dio origen a la expresión “guardar la sexta” o “sextear”, que después derivó en sestear. El horario coincide, a su vez, con la hora sexta de los romanos, que iba de las 12 del mediodía a las tres de la tarde, el intervalo de mayor calor del día.












