El gobernador del Tíbet volvió a acusar al Dalai Lama de ser el «cerebro» del intento de rebelión, pero el máximo líder espiritual del budismo tibetano y premio Nobel de la Paz en 1989 rechazó dichos ataques. «Estas protestas son una manifestación del profundo resentimiento del pueblo tibetano», justificó el Dalai Lama, quien vaticinó que «la unidad y estabilidad bajo la fuerza bruta es, como mucho, una solución sólo pasajera».
PABLO M. DÍEZ - (diario La Rioja) Tras los violentos disturbios del viernes, la calma ha vuelto a Lhasa, pero se trata de la paz de los cementerios. Del silencio de los muertos, que ayer empezaron a ser contados, y de manera muy diferente, por el Gobierno chino y por los manifestantes tibetanos.
Según la agencia estatal de noticias Xinhua, 10 personas habrían perdido la vida en la revuelta de Lhasa, la peor desde los incidentes que obligaron a decretar la ley marcial en 1989, cuando el actual presidente de China, Hu Jintao, era el secretario general del Partido Comunista en la región. «Las víctimas eran civiles inocentes que han sido quemados hasta morir», aseguraba un comunicado oficial, mientras que el Gobierno del Tíbet en el exilio, con el Dalai Lama a la cabeza, eleva la cifra de fallecidos hasta las 30 personas y no descarta que se pueda llegar al centenar de muertos.
Mientras se aclara este siniestro baile de números, algo que puede resultar imposible debido a la falta de transparencia del régimen comunista chino, Lhasa permanecía ayer tranquila y semidesierta. «La situación se ha calmado. No hay tráfico porque las calles están cortadas, la Policía está deteniendo a muchos jóvenes y el Ejército no permite a los chinos salir de sus casas ni a los turistas de los hoteles», relató por teléfono un español que se encuentra en estos momentos en Lhasa, pero que prefiere ocultar su identidad.
«Tan sólo un día antes, la ciudad parecía la antigua Yugoslavia durante la guerra, con muchos edificios en llamas, barricadas en las calles, coches volcados, tiendas saqueadas y ciudadanos chinos atacados», explicó este testigo de los disturbios, quien se mostró «sorprendido y entristecido por tan brutal estallido de violencia entre personas que, aunque no se lleven bien por ser de distintas etnias, son vecinos y conviven juntos».
Para colmo de males, lo más probable es que se arraiguen aún más estos recelos tradicionales entre los Han, la etnia mayoritaria de China, y los tibetanos, los oriundos de esta región ocupada por el Ejército Popular de Liberación en 1950 y anexionada oficialmente un año más tarde.
De hecho, el gobernador chino en el Tíbet, Qiangba Puncog, ya ha anunciado que su respuesta será rotunda y ha dado un ultimátum a los manifestantes para que se entreguen antes del martes si no quieren enfrentarse a un castigo que se presupone atroz. «La trama de los separatistas fracasará. Nos enfrentaremos a ellos con todo el peso de la ley», prometió venganza Qiangba Puncog.
Para ello, miles de soldados han tomado la ciudad con sus vehículos armados y sus tanques.
Ataques al Dalai Lama
De nuevo, el gobernador del Tíbet volvió a acusar al Dalai Lama de ser el «cerebro» del intento de rebelión, pero el máximo líder espiritual del budismo tibetano y premio Nobel de la Paz en 1989 rechazó dichos ataques. «Estas protestas son una manifestación del profundo resentimiento del pueblo tibetano», justificó el Dalai Lama, quien vaticinó que «la unidad y estabilidad bajo la fuerza bruta es, como mucho, una solución sólo pasajera».
Mientras en China se apaga la llama de la nueva ‘Revuelta Azafrán’, protagonizada también por monjes como la que tuvo lugar en Birmania en septiembre del año pasado, el fuego de la protesta prende en otros lugares. De hecho, se han repetido varias manifestaciones de fieles budistas en la India, Nepal, Australia y Suiza.
Dichas movilizaciones demuestran el impacto que han causado en la comunidad internacional las brutales imágenes procedentes de Lhasa, un oasis de paz y espiritualidad que ha saltado en mil pedazos empañando los preparativos que China está haciendo de cara a los Juegos Olímpicos. A pesar de que Estados Unidos y la Unión Europea han pedido al régimen comunista que contenga el uso de la fuerza y que respete la identidad cultural tibetana, no se espera una declaración de condena para no contrariar al gigante asiático, del que la economía mundial depende cada día más.

Monjes budistas rezan en Dharamsala, en la India. / AP
Tíbet: Richard Gere pide boicot de JO si China no reacciona correctamente
HONG KONG (AFP) — El actor de cine norteamericano y militante de la causa tibetana Richard Gere llamó a un boicot de los Juegos Olímpicos de Pekín si China “no actúa en la forma adecuada” ante las manifestaciones de protesta en ese territorio del Himalaya.
Richard Gere, un budista, activo defensor del Tíbet y seguidor del Dalai Lama, dijo que “sin lugar a dudas” debería haber un boicot mundial de los Juegos Olímpicos si las autoridades chinas no reaccionaban adecuadamente ante las manifestaciones que según los medios de comunicación oficiales de China dejaron diez muertos.
Por su parte, el gobierno tibetano exiliado en Dharamshala (norte de India), basándose en “informaciones no confirmadas”, afirmó que los muertos en los disturbios de Lhasa llegarían a 100.
“La situación en Tíbet se ha deteriorado durante muchos años y (…), a medida que su seguridad, su éxito y su poderío aumentan, China debería cambiar la forma en que se comporta con su propia gente y con el pueblo que ha colonizado”, declaró a la radio BBC.
Gere dijo que antes no había apoyado un boicot, pues creía que los Juegos Olímpicos facilitaban “el libre intercambio de comunicaciones, deportes, entretenimientos”.
En cuanto a las manifestaciones, el célebre actor de Hollywood afirmó que “esto se ve en el mundo con personas que han sido reprimidas, que están al borde de la extinción, y a las cuales no les queda otra alternativa”.
“Los tibetanos han sido muy marginados en los últimos años, mucho más que antes. Y es por eso que vemos este efecto de olla a presión en Tíbet, donde la religión ha sido esencialmente proscripta, donde las fotos del Dalai Lama, que viene a ser su Jesucristo, no están permitidas”, explicó.
“La gente no puede vivir con la falta de oportunidades, educación, asistencia médica. Cuando usted pone a la gente contra la pared con tanta presión, finalmente explota”, indicó.


