BANGKOK | GINEBRA.- Las aldeas del delta del río están desprotegidas y sus viviendas son precarias. Laputta y Gyapor están en una situación similar a Bogolay. La ONU culpa al Gobierno de la catástrofe por no haber instalado un sistema de alerta. La cifra de víctimas del ciclón Nargis aumenta por horas mientras equipos de rescate sin apenas material técnico o humano tratan de llegar a las zonas más devastadas. En una sola localidad, Bogalay, podrían haber muerto hasta 10.000 personas.
Por DAVID JIMÉNEZ - La ciudad, situada un centenar de kilómetros al sur de Rangún, ha quedado completamente incomunicada y el 95% de sus edificaciones y viviendas han sido arrasadas.
Los supervivientes deambulan sin rumbo por una ciudad desaparecida en busca de comida y agua potable.
La agonía de Bogalay y otras localidades afectadas se ha acelerado por una operación humanitaria que no acaba de arrancar y la pasividad de los 400.000 soldados de la Junta militar birmana.
Naciones Unidas ha advertido en las últimas horas de que el número de muertes podría multiplicarse si Birmania no abre el país a una operación masiva de ayuda. La Junta Militar ha anunciado que permitirá la entrada de ayuda, pero cada organización tendrá que negociar personalmente con el Gobierno.
Naciones Unidas cree que el elevado número de muertos se ha debido en parte a la ausencia de un sistema de alerta para evacuar a la población.
“Un sistema de alerta precoz es muy importante y efectivo, pues un ciclón se puede predecir con 48 horas de antelación, por eso pensamos que en Birmania las autoridades no habían establecido ningún sistema de este tipo que hubiera salvado miles de vidas”.
Desastre en otras áreas
La mayoría de las carreteras de acceso a las zonas más afectada, en el delta del río Irrawaddy, permanecen cortadas y en muchos casos serán necesarias lanchas y barcos para hacer llegar la ayuda a los afectados.
Junto a Bogalay se encuentran en una situación de destrucción total las localidades de Laputta y Gyapor.
La combinación de vientos de hasta 240 kilómetro a la hora y fuertes tormentas se ha agravado por el hecho de que las aldeas del delta del río están desprotegidas y sus viviendas están construidas con materiales precarios.
La ausencia de un aviso por parte de las autoridades birmanas hizo que la mayoría de los afectados no tuvieran tiempo para prepararse. “Los vientos se lo han llevado todo, los pueblos y a sus habitantes”, según Chris Raye, director del Programa de Ayuda de Alimentos de la ONU en Rangún.

