Mujeres Malqueridas: “Nosotras convertimos a cualquier sapo que nos pasa por delante en un Príncipe azul.”

Mariela Michelena, psicoanalista y miembro titular de la Asociación Psicoanalítica de Madrid, publicó ‘Mujeres Malqueridas’, un libro dedicado a todas las mujeres que sufren un mal amor. Mujeres enganchadas a relaciones imposibles, parejas intermitentes, que lloran por un amor perdido, un amor sin futuro. Un libro dedicado a mujeres extraordinarias que se transforman en niñas enfermizas si un hombre no las llama. Mujeres fuertes ante todos los retos de la vida, excepto para resguardarse de quien les quiere mal. “Hay que estar atento a las preguntas que uno se hace, porque a la margarita le hacemos preguntas equivocadas. No se trata de ¿me quiere?, ¿no me quiere?, sino de ¿me quiere como yo quiero que me quieran?, ¿me quiere a mí?“. Reportaje a la autora

“La elección de pareja no es cosa del azar, es un reencuentro con algún personaje de tu historia infantil olvidada pero que se repite. ¿Recuerda el cuento de la Ratita Presumida? Elige al gato, al único que seguro que se la va a comer. Elige al que cumple con un programa secreto que tiene que ver con la historia infantil oculta. La señal de alarma es la repetición, porque todos hemos pasado por un mal amor, pero cuando sólo se eligen gatos, ojo.”

¿Por qué las mujeres más seguras de sí mismas, más exigentes, más fuertes en todos los retos de la vida, son las que más sufren en el amor?

No diría que son ellas las que ‘más’ sufren por amor, sino que ellas, tan autosuficientes para todo lo demás, llama más la atención esa dependencia ante el timbre del teléfono o la llegada de un mensaje por el móvil. Antes imperaba la idea de que la dependencia emocional era consecuencia de la dependencia económica y que la mujer sufría por amor porque perdía en su amado al ser que la sustentaba económicamente. Hoy una mujer puede ser muy fuerte para algunas cosas de su vida y muy frágil ante otras.

¿En qué consiste ser una mujer malquerida?

Es aquella mujer que, a pesar de ser querida por su pareja, se siente incómoda, sufre por amor, cree en promesas que no se cumplen, espera un compromiso que nunca llegará. Su pareja la quiere, pero la quiere mal. La quiere de una forma retorcida, o no la quiere a ELLA, con sus necesidades y sus circunstancias. Así que, no es suficiente con preguntarle a la margarita ‘¿me quiere, o no me quiere?’ A la margarita hay que hacerle preguntas más complejas: ‘¿Me quiere como yo quiero ser querida?’ ‘¿Me respeta?’ ‘¿Me toma en cuenta a mí, tal cual soy?’ ‘¿Estoy satisfecha con esta relación o sufro más de lo que disfruto?’

¿Qué es un amor incondicional?

Es una modalidad de amor que, como la palabra lo indica, no pone ninguna condición para existir. Da igual cómo me trate mi pareja, yo le voy a seguir queriendo porque mi amor no tiene condiciones. Yo no le pido ni que me quiera ni que me trate bien, yo le quiero porque sí, haga él lo que haga, y seguiré queriéndole aunque me haga sufrir. Este amor sin condiciones está muy bien cuando es de una madre a su bebé, pero cuando el bebé tiene bigotes y la mujer se empeña en quererle con la misma entrega de una madre, hablamos de un mal amor que abre las puertas a que nos quieran mal.

Leyendo su libro, en el que se toman como ejemplos, historias reales, ¿podríamos pensar que los mal amores que padecemos las mujeres y que creemos que solo nos pasa a nostras son de manual?

No sé si son de manual, pero quienes han leído el libro se han visto reflejadas en algunas de sus páginas, pero, a pesar de que existan elementos comunes, cada mujer tiene una historia propia que contar [...]. Los puntos de encuentro en los que todas, nos identificamos nos hacen pensar que no somos las únicas ‘ciegas’ entregadas a sufrir por amor; pero cada una de nosotras ha de recorrer su propia historia para saber cómo ella, con su nombre propio en mayúsculas, llegó hasta esa situación tan insatisfactoria.

¿Cuál es la piedra con la que tropezamos las mujeres que hace que repitamos una y otra vez la misma historia?

Es nuestra disposición a esa entrega incondicional de la maternidad. Ofrecernos en sacrificio a un ser amado que no necesita nuestros cuidados y nuestro sacrificio como si fuera un bebé.[...] Por otra parte, la primera historia de amor que cada una de nosotras vivió de una forma irrepetible junto a sus padres y hermanos, hará que nuestra ‘piedra’ sea única y tremendamente personal. Buscar esa piedra peculiar, irrepetible, y apartarla del camino para que la vida sea un poco más amable, es la labor de la psicoterapia psicoanalítica.

¿Es la casualidad o es el destino el que se encarga de unir a dos personas? ¿Por qué?

Creo poco en las casualidades, y eso que llamamos ‘destino’ es como una fuerza inconsciente que nos arrastra como un imán a la persona exacta que nos va a obligar a repetir una y otra vez una historia infantil que la mayoría de las veces se nos escapa, porque está sepultada, olvidada… En vez de recordarla, la reproducimos en la realidad y hacemos un ‘casting’ impecable para elegir a los personajes que puedan representar mejor el papel que les asignamos, de acuerdo a lo que vivimos durante la infancia.

¿Por qué muchas veces decimos una cosa y sin embargo, hacemos todo lo contrario? Ejemplo: deseamos tener una pareja estable y sin embargo nuestras relaciones son breves.

Tanto lo que decimos que queremos, como lo que en el fondo queremos son grandes verdades que suelen estar enfrentadas. Desgraciadamente, la mayor parte de las veces esa contienda la gana nuestra parte ’secreta’ inconsciente, que elige desde lo que yo llamo una ‘agenda oculta’. La agenda que se rige desde la historia infantil, desde la complejidad de esos afectos primitivos y no desde lo que nuestra parte adulta quisiera para sí. [...]

¿Qué significa exactamente eso de ‘dejarse llevar es elegir’?

Muchas veces creemos que no tomar una decisión concreta, activamente, es sinónimo de no tomar ninguna decisión. Dejar las cosas como están, es elegir, apostando por que la realidad va a cambiar la situación o que la vida tomará por nosotros el mejor camino. Esto no es así. Somos nosotros quienes decidimos permanecer inmóviles, pensamos cosas como: ’sé que no es el hombre de mi vida, pero por un tiempo no pasa nada’, o ‘Mientras dure…’ o, ‘Hasta que llegue uno más adecuado, por no estar sola…’ y lo hacemos suponiendo que ese ‘dejarnos llevar por las circunstancias’ no es una verdadera elección y sí que lo es.

Las mujeres, generalmente, no sabemos estar en una relación ‘mientras tanto’, con mucha frecuencia nos entregamos a estas supuestas relaciones ‘esporádicas’ con las que al final sufrimos una barbaridad porque aquello que pensábamos que era un ‘pasatiempo’ resulta que sólo ha sido un ‘pasatiempo’ para él y para nosotras ha sido una enorme inversión de tiempo, de esfuerzo, de esperanza, de ilusión, de pasión…

¿Por qué las mujeres tenemos la necesidad de crear un dios y subirlo en un pedestal?

Yo creo que todos, hombres y mujeres, tenemos esa misma necesidad de crear un dios [...] Lo que pasa que la mayoría de los hombres hacen del dinero, o del poder su propio dios y nosotras solemos convertir a nuestra pareja en nuestro dios particular al que veneramos, por el que estamos dispuestas a toda suerte de sacrificios, al que le perdonamos cualquier desplante [...]Dejamos de ser nuestras propias dueñas y permitimos que sea ?nuestro dios? quien nos gobierne, quien decida por nosotras… quien nos quiera bien, o mal…

¿Qué es el síndrome de la Cenicienta?

Es esa condición de la mujer que está siempre dispuesta a poner a prueba su pie y ver si encaja, o no encaja en el zapatito que el hombre tiene preparado para su ‘mujer ideal’. Ambos entran en un juego que suele ser peligroso sobre todo para ella. Él pretende transformar a la mujer en alguien que no es ella, y siempre espera algo distinto a lo que ella es en realidad. Esto provoca una sensación permanente de incomodidad en la mujer que siempre se siente evaluada, examinada, cuestionada a ver si encaja o no en el molde de ese zapatito imposible. [...]

¿Cuándo una mujer se da cuenta que ha logrado curarse de ese mal amor?

Cuando vuelve a estar cómoda consigo misma. Cuando retoma las riendas de su vida. Cuando el teléfono no marca el ritmo de su corazón. Cuando está con alguien de igual a igual. Cuando reina la reciprocidad y las ‘condiciones’ son iguales para uno que para otro. Cuando se siente respetada y tomada en cuenta. Cuando sabe que su pareja la valora…

¿Existen los príncipes azules?

Nosotras convertimos a cualquier sapo que nos pasa por delante en un Príncipe azul. A cualquier mortal en un dios al que veneramos y a cualquier señor de bigote en un bebé… Bien es verdad que ellos están encantados y se creen Príncipes, y dioses y bebés, porque son posiciones muy cómodas y muy ventajosas para ellos que les permiten pedir, y pedir, y pedir sin sentirse en la obligación de dar nada a cambio. Cenicienta ya tiene bastante con haber sido la elegida ¡no pretenderá poner condiciones! Así que quien se inventa a un príncipe azul, o a un dios, se está colocando inmediatamente en una posición de sierva que todo lo da, de súper mujer que todo lo puede soportar. (Fin) 15 de octubre de 2007 - Reportaje Judit Pérez - Nosotras

“A la margarita le preguntamos mal”
Fuente: La esfera Libros

Detectar posibles errores.

- Hay que estar atento a las preguntas que uno se hace, porque a la margarita le hacemos preguntas equivocadas. No se trata de ¿me quiere?, ¿no me quiere?, sino de ¿me quiere como yo quiero que me quieran?, ¿me quiere a mí?, ¿me compensa esta relación?, ¿me hace feliz? Porque con la frase lapidaria de “es que yo le quiero” somos capaces de atravesar situaciones infernales.

- Usted identifica cuatro pecados capitales que nos abocan al fracaso.

- La sumisión, cuando dejamos de ser nosotros mismos en la vida cotidiana y aceptamos el deseo del otro como el propio deseo: dejas de frecuentar a tus amigos porque a él no le gustan, te vestías de tal manera y ya no lo haces… Acabas perdiéndote a ti mismo.

- La intermitencia.

- Sí, parejas que viven en un parque de atracciones, rompen y reanudan la relación una y otra vez. Los reencuentros son fantásticos, adrenalina pura. En nombre de mantener el enamoramiento, el precio que se paga es la prueba del terror, momentos de abandono en los que se sufre una barbaridad.

- El efecto pausa, lo llama usted.

- Pasan una noche fantástica, luego él desaparece y la vida de ella se detiene. Reaparece y todo vuelve a ser fantástico. La excitación que produce el reencuentro es lo que engancha. Porque hay una cosa importante: las malqueridas no son tontas.

- Hay un beneficio en ese amor…

- Sí, retorcido y triste. El miedo a ser abandonada o a quedarse sola es el peor, prefiere apostar una y otra vez por “él va a cambiar”. Por ejemplo, las mujeres que tienen relación con hombres casados que prometen que se van a separar en cuestión de meses, y no.

- La adicción.

- A una mujer adicta a un hombre le da igual que él lleve un cartel en la frente que diga “soy perjudicial para tu salud”, no puede prescindir de él. Hay que decir que no a tomar un café con él, igual que el alcohólico debe decir no a una inofensiva cerveza.

- ¿De dónde viene la adicción?

- De la necesidad de sentirnos plenos con algo, el llegar a ser uno con el otro. Las adictas están convencidas de que detrás de lo que se ve hay un hombre fantástico.

- La impostura.

- Se trata del cuento de la Cenicienta, esa mujer cuya pareja está continuamente poniéndola a prueba a ver si encaja o no con el zapato que tiene en su cabeza: “Deberías adelgazar un poquito, leer un poco más…”.

- Como la carcoma.

- La parte más patética de la impostura es cuando la madrastra le dice a una de sus hijas que se corte los dedos de los pies para entrar en el zapatito, y ella va y se los corta. Hay mujeres brillantes, extraordinarias, que están con un hombre que no las merece. A veces pensamos que porque nos quiere estamos obligadas a perdonarlo todo.




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