(HealthDay News) “Cuando envejecemos, la cantidad de sueño que necesitamos sigue siendo la misma que cuando éramos más jóvenes. Sin embargo, la capacidad para conciliar el sueño que necesitamos sí cambia. Las personas mayores enfrentan dificultades para dormir las horas que necesitan debido a la interferencia de enfermedades médicas, los medicamentos que toman para esas enfermedades y los cambios en su reloj biológico”, dijo en una declaración preparada Sonia Ancoli-Israel, profesora de psiquiatría de la Facultad de medicina de la Universidad de California y directora de la clínica de trastornos del sueño en el Veterans Affairs San Diego Healthcare.
27 de abril (HealthDay News/Dr. Tango) — Muchos adultos mayores no duermen lo suficiente, lo que puede aumentar el riesgo de problemas de salud graves como la obesidad, la enfermedad cardiovascular y la diabetes, asegura la American Academy of Sleep Medicine.
Aunque los patrones de sueño cambian a medida que se envejece, las perturbaciones del sueño y despertarse cansado no son una parte normal del envejecimiento.
“Cuando envejecemos, la cantidad de sueño que necesitamos sigue siendo la misma que cuando éramos más jóvenes. Sin embargo, la capacidad para conciliar el sueño que necesitamos sí cambia. Las personas mayores enfrentan dificultades para dormir las horas que necesitan debido a la interferencia de enfermedades médicas, los medicamentos que toman para esas enfermedades y los cambios en su reloj biológico”, dijo en una declaración preparada Sonia Ancoli-Israel, profesora de psiquiatría de la Facultad de medicina de la Universidad de California y directora de la clínica de trastornos del sueño en el Veterans Affairs San Diego Healthcare.
Ancoli-Israel, que también es codirectora del Laboratorio del sueño y de cronobiología del Centro de investigación clínica general de la UCSD, citó varios trastornos del sueño comunes entre las personas mayores:
* El insomnio afecta casi a la mitad de los adultos de 60 años o más.
* La apnea obstructiva del sueño (AOS) afecta casi al 40 por ciento de los adultos y es más común entre los adultos mayores. La AOS puede aumentar el riesgo de hipertensión, enfermedad cardiaca, accidente cerebrovascular y problemas cognitivos.
* El síndrome de las piernas inquietas, que afecta a más del 20 por ciento de las personas de 80 años o más, incluye sensaciones incómodas en las piernas como cosquilleos y hormigueos.
* Los movimientos periódicos de los miembros pueden hacer que las personas pateen o sacudan sus piernas cada 20 a 40 segundos durante el sueño. Un estudio halló que cerca del 40 por ciento de los adultos mayores tienen al menos una forma leve de esta condición.
Los adultos mayores que no duermen lo suficiente son más propensos a deprimirse, a tener problemas de memoria y de atención, a tener excesiva somnolencia durante el día, a tener más caídas nocturnas y a usar más medicamentos sin receta o con receta para dormir.
Con el fin de dormir mejor, los adultos mayores deberían:
* Establecer un horario de rutina para el sueño.
* No usar la cama para otras actividades que no sean dormir o la intimidad.
* Evitar el uso de sustancias que perturben el sueño como la cafeína y el alcohol.
* Evitar las siestas durante el día. Si tiene que dormir la siesta, limite su tiempo a menos de una hora y nunca lo haga después de las 3 p.m.
* Establecer rituales para antes de acostarse puede ayudar a relajarlo, tales como un baño con agua tibia, un refrigerio ligero o unos cuantos minutos de lectura.
* Deje las preocupaciones atrás. La hora de la cama es un momento para la relajación y no para repasar el estrés del día.
* Mantenga su habitación oscura, sin ruidos y un poco fresca.
* Si no puede dormir, salga de la habitación y haga una actividad tranquila. Regrese a la cama sólo cuando esté cansado.
Robert Preidt- Artículo por HealthDay, traducido por Hispanicare
El reloj biológico humano
Así como la vida social está regida por el tiempo que dictan calendarios y relojes, dentro del organismo múltiples funciones vitales son dirigidas por el ritmo de nuestros relojes biológicos, complejos sistemas bioquímicos en donde la actividad de ciertas células y sustancias obedece, como las manecillas y la cuerda de un reloj, a un mecanismo preciso y constante que, cuando presenta alguna falla, ocasiona en las personas trastornos de sueño, depresión o esfuerzos especiales a fin de ajustarse, por ejemplo, al horario de otro país cuando se viaja de un continente a otro, e incluso para adaptarse al horario de verano que hoy nos rige.
Aunque los ritmos biológicos son conocidos desde hace 300 años, generalmente se les ha relacionado con eventos geológicos como la noche y el día, o el verano y el invierno, ligados a la rotación de la Tierra. Sin embargo, para la fisiología la ocurrencia de eventos temporales dentro del organismo fue una curiosidad, hasta que hace 30 años se descubrió que la alteración o desaparición de un pequeño sitio del cerebro, llamado núcleo supraquiasmático, altera los ritmos del organismo. Este hallazgo fue la primera evidencia de que en el cerebro hay un reloj maestro que rige muchos de nuestros mecanismos básicos.
Incansable buscador de relojes biológicos, el doctor Raúl Aguilar Roblero, del Instituto de Fisiología Celular de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), estudia los mecanismos del núcleo supraquiasmático en ratones de laboratorio. Con varios experimentos realizados en el Departamento de Neurociencias, este científico y sus colaboradores han demostrado que las ratas con alteraciones en ese sitio del cerebro presentan algunas disfunciones que también ocurren en el ser humano. Aunque se cree que no es el único reloj biológico que hay en el organismo, el núcleo supraquiasmático rige buena parte de los fenómenos temporales ligados al sueño, a la adaptación en el tiempo y a la depresión; en tanto, su adecuado manejo podría servir en la medicina clínica para suministrar medicamentos en ciertas horas del día, cuando puedan atacar con mayor eficiencia a una enfermedad.
Cada célula, un ritmo
Todos los seres vivos tienen una relación y una respuesta al ambiente en el que viven, pero en algunos organismos complejos, formados por muchas y variadas células, las funciones celulares se desarrollan de forma independiente al medio ambiente que rodea al organismo, explica el doctor Aguilar Roblero, y añade que las distintas células están rodeadas por un microambiente acuoso con características físicoquímicas muy reguladas, de las que depende el funcionamiento celular. Este microambiente o medio interno, permite un continuo intercambio de materia y energía con el medio que lo rodea. El fino y dinámico equilibrio que relaciona a las células con el exterior se llama homeostasis. Junto a este equilibrio ocurren los ritmos celulares propios que funcionan independientemente pero en coordinación con el ambiente externo.
“Creemos que cada célula es un pequeño reloj biológico, que tiene su propio ritmo y se adapta de forma precisa al ritmo de otras células con las que comparte ciertas funciones”, explica el investigador, que describe como los principales fenómenos ligados a los relojes biológicos la vigilia y el sueño, la reacción ante luz y oscuridad y la menstruación femenina, entre otros.
Especialista en los trastornos del sueño, el doctor Aguilar Roblero reconoce que la luz puede influenciar al reloj biológico, y encontró en el núcleo supraquiasmático del cerebro un regulador de los ritmos internos que luego se acoplan al medio externo.
Un reloj de 15 mil neuronas
Pequeñísimo en tamaño, de aproximadamente 0.8 milímetros cúbicos y muy escondido en la región del hipotálamo, en la base del cerebro, el núcleo supraquiasmático tiene la cualidad de sincronizarse instantáneamente gracias al preciso mecanismo de las 15 o 16 mil neuronas que lo componen. Por eso cuando este reloj neuronal se desacopla, las personas recorren involuntariamente su ciclo de sueño, o durante un viaje transmeridional padecen un tipo de depresión llamada Jet Lag, directamente ligada a cambios de horario muy drásticos.
A nivel experimental, el doctor Aguilar Roblero ha ensayado en ratas de laboratorio transplantes de hipotálamo (con el núcleo supraquiasmático incluido) que han logrado en el animal alterado en sus ciclos temporales la recuperación de su ritmo circádico, es decir, una mejora en su ritmo fisiológico o conductual que actúa independiente a los estímulos ambientales.
Hasta ahora, esta investigación ha demostrado que el núcleo supraquiasmático tiene tres conexiones: una con la retina de los ojos, que es sensible a la luz y que lo relaciona con el ambiente exterior al organismo; otra con la hojuela intergenicular, que lo vincula con la actividad neuronal dentro del cerebro; y una tercera conexión que liga a la retina y a la hojuela entre sí, logrando un equilibrio. Este mecanismo utiliza alrededor de 15 o 16 mil neuronas, “y cada una de ellas podría ser un reloj autónomo, por ello ahora las estamos estudiando a nivel molecular, para profundizar más en su funcionamiento”, explica el científico, quien considera que el conocimiento de los ritmos circádicos es útil para combatir trastornos de sueño, depresión y para optimizar el uso de medicinas cuando las enfermedades están en su máxima actividad. (http://www.invdes.com.mx)
Noticias Relacionadas:
Tic-tac: el reloj biológico de la mujer al desnudo
Obesidad, síndrome metabólico y cáncer: fallas al compás del reloj










