Según el Ministerio de Trabajo, los empleadores asumen que a ellas las mantienen los maridos. Las mujeres ganan, un 30% menos que los varones. 770 pesos de sueldo y 330 pesos de diferencia. Las vendedoras ambulantes, empleadas domésticas, vendedoras o profesionales no registradas ante el Estado ganan un 40% menos que sus compañeros de tareas.
Luciana Peker -Crítica Digital En la Argentina el salario promedio es de 1.100 pesos. Pero, en verdad, en la cartera de las damas no entran los mismos billetes que en la billetera del caballero. Las mujeres ganan, en promedio, un 30% menos que los varones. En plata: 770 pesos de sueldo y 330 pesos de diferencia. Pero, en el trabajo en negro, la diferencia es todavía peor. Las vendedoras ambulantes, empleadas domésticas, vendedoras o profesionales no registradas ante el Estado ganan un 40% menos que sus compañeros de tareas. En plata: 440 pesos que opacan por su ausencia.
El empleo informal no sólo quita jubilación, aguinaldo y obra social. También profundiza la desigualdad entre trabajadores y trabajadoras. Entre las asalariadas con recibo de sueldo la diferencia de sexo les quita un 20% de dinero. Pero en el mercado informal la disparidad dobla la apuesta y quita 4 de cada 10 pesos por razones de género, según el informe “Situación laboral de varones y mujeres”, del Ministerio de Trabajo de la Nación.
En el sector de servicios las trabajadoras ganan un 26% menos que sus compañeros. En los comercios, las vendedoras reciben un sueldo 16% más chico que los vendedores. En los servicios sociales y de salud, las enfermeras o médicas se pierden un 17% de dinero por ser personal femenino y en las industrias la diferencia por género llega al 22%, según la investigación de la Subsecretaría de Programación Técnica y Estudios Laborales. “Es muy grave la brecha de género en la Argentina. Pero este tema no está en la agenda. Y, por supuesto, las más afectadas son las mujeres más pobres”, opina Olga Hammar, presidenta de la Comisión Tripartita de Igualdad de Trato y Oportunidades en el Mundo Laboral.
Mariela Villanueva tiene 35 años, es socióloga, mamá de dos hijos: Matías, de 7, y Sol, de 3 años, y recuerda la frase como un latiguillo. Ella trabajaba en un sector de una empresa junto a cuatro compañeros varones. Los cuatro ganaban más que ella. Pero el día que fue a pedir aumento de sueldo su jefe no le habló de su trabajo. “Me dijo que no porque mi marido mantenía mi casa. Eso no era cierto. Pero a él no le tenía que interesar quién pagaba las cuentas o cuánto ganaba mi esposo sino cuánto valía mi trabajo. Es verdad que ahora las mujeres trabajamos más pero los prejuicios siguen existiendo. Creen que tu sueldo es para la pilcha, los cumpleaños de los chicos y la empleada doméstica.”
Las razones para que las mujeres ganen menos son varias: a veces, como cuenta Mariela, la discriminación es explícita. Pero, en otros casos, la telaraña atrapabilletes teje otras redes. “Las mujeres perciben remuneraciones inferiores por la segregación del mercado de trabajo. Por un lado, ocupan puestos de menor jerarquía que los varones y, en consecuencia, perciben salarios inferiores, y por el otro, porque su actividad se concentra habitualmente en las ocupaciones de más baja remuneración, como servicios o tareas de oficina y ventas”, señala el informe oficial. Hammar agrega: “En los lugares donde hay mayoría femenina los salarios caen automáticamente. Esto paso históricamente con los docentes, la enfermería y ahora pasa en la justicia”.
El problema no es sólo argentino. En Suecia las mujeres ganan sólo un 82% del sueldo de los varones, según la diputada Anita Harriman. Mientras, Nicolas Sarkozy prometió que en dos años va a empezar a multar a las empresas que no respeten la igualdad salarial en Francia.
“Para revertir esta disparidad es imprescindible concretar políticas para conciliar la vida laboral y familiar, de cuidado infantil y de promoción de las mujeres en lugares jerárquicos”, propone Estela Díaz, ex secretaria de género de la CTA e integrante de la Asociación por los Derechos de las Mujeres (ADEM). María José Lubertino, presidenta del Instituto Nacional contra la Discriminación (Inadi) resalta: “No hay excusa para que las mujeres cobren menos que los varones: es inconstitucional e ilegal”.










