Las personas que llevan una vida sedentaria -es decir, no hacen ningún tipo de actividad física ni caminan los 30 minutos por día que aconsejan los médicos- favorecen el envejecimiento natural de su esqueleto y son propensas a sufrir dolores musculares y de huesos, muchas veces crónicos. Reumatólogas indican algunos de los ejercicios más convenientes para que la musculatura no se debilite ni se atrofien las articulaciones.
La inactividad genera dolor osteoarticular
La vida sedentaria y las largas jornadas laborales que no requieren ningún esfuerzo fìsico favorecen el desgaste natural del esqueleto. Estar muchas horas de pie en un negocio o sentado frente a la PC , sin realizar ninguna actividad física, atenta contra el organismo.
El mejor analgésico es el ejercicio
Los médicos pueden recetar analgésicos no esteroides en sus distintas formas de presentación –orales, en parches o en geles de aplicación local transdérmica– pero sólo como paliativo transitorio. La clave para acabar con los dolores por sedentarismo es, naturalmente, el ejercicio. Y se puede comenzar con él a cualquier edad. El secreto es simple: radica en cuáles se realizan y en cómo deben ponerse en práctica.
Ejercicios convenientes
El actual estilo de vida -con extensas jornadas laborales y en muchos casos saturadas de tecnología que pone freno a la necesidad de realizar esfuerzos físicos- conduce a las personas hacia un sedentarismo cada vez mayor. Médicos especialistas advierten que tal inactividad hipoteca la salud de la herramienta más valiosa e irreemplazable del ser humano: su propio cuerpo.
Hoy es frecuente que una persona esté sentada frente a la computadora entre seis y ocho horas, o en un call center hablando por teléfono. Ambas actividades son sinónimo de una vida muy sedentaria con movimientos mínimos, lo que hace que los músculos y las articulaciones se vayan endureciendo y volviendo más vulnerables a pequeñas lesiones.
“Cuando una persona no hace ejercicio, la musculatura empieza a atrofiarse y se debilita. De pronto, cualquier esfuerzo poco habitual -voluntario, como salir a correr, o imprevisto, como un resbalón- representará una gran exigencia para el músculo no entrenado, que empieza a doler”, explicó a LA GACETA la reumatóloga Olga Leal, quien junto con sus colegas Dora Lía Vázquez, Ana Quinteros y Mariana Espíndola diseñó el “Programa de salud del aparato locomotor: un camino para vivir mejor” (Prosal), un plan de actividades físicas que aplican en tres grupos de pacientes: con artritis reumatoidea, con artrosis y con osteoporosis. Estas tres enfermedades más el sedentarismo comprometen el esqueleto, remarcó Leal.
Rigidez en las vértebras
A raíz de la falta de movimiento, según detallaron las reumatólogas, las vértebras de la columna se desgastan, se ponen rígidas y pierden su rango de movimiento normal. Es decir que corren la misma suerte que aquellas bisagras que se usan poco y con el tiempo se herrumbran, se endurecen y pierden la movilidad que tenían.
Por otra parte explicaron que la mayor parte de los animales son cuadrúpedos y tienen una columna horizontal, esto les da ventaja mecánica porque se distribuye la carga en forma horizontal y pareja. El ser humano al ser bípedo tiene liberadas sus manos, pero eso le representa un alto costo mecánico, porque la columna lumbar soporta toda la carga.
“A su vez -acotó Quinteros- la falta de actividad física y las actitudes posturales repetidas van haciendo que las curvaturas naturales de la columna (lordosis) se vayan perdiendo, lo que implica una deformación”.
Dos zonas críticas
De ahí que haya dos áreas típicas donde comienza el dolor: una es la zona lumbar (de la cintura para abajo) que duele frecuentemente por la mañana al levantarse o al incorporarse luego de estar mucho tiempo sentado. La otra es la cervical (cuello), donde el dolor aparece acompañado de mareos y está relacionado no sólo con el sedentarismo sino también con el estrés y a la tensión nerviosa. La suma de estos dos factores produce la dolencia cervical que es tan común en gente cada vez más joven, de entre 25 y 35 años.
“Lo que hay que saber -alertó Vázquez- es que todas las partes del cuerpo que no se usan se atrofian y todo lo que se estimula, mejora. Por eso la gente que no hace actividad física muchas veces se lesiona sin haber hecho un esfuerzo importante y sin que haya un evento traumático”.
En los chicos hay que diferenciar dos tipos de dolores de huesos, aquel que las abuelas llamaban “dolores de crecimiento”, relacionado más con la actividad física de los niños y que hoy se presume está vinculado con el dolor a nivel de los cartílagos de crecimiento, y aquel producto de la falta de ejercicios. En ambos casos se debe consultar oportunamente al especialista.
Según pasan los años
Los chicos que dejaron la actividad física y pasan muchas horas frente a la tele o la PC pueden tener a largo plazo afecciones en el aparato locomotor. “El cuerpo tiene un nivel de tolerancia bastante amplio. No obstante, estos niños pueden llegar a tener problemas que van desde el dolor de columna, trastornos de posición y de alineación, pasando por la baja tolerancia a la actividad física hasta el escaso desarrollo físico”, informó Olga Leal.
“Las mujeres con osteoporosis hoy, de 70 u 80 años, son aquellas que de niñas y jóvenes no hicieron deportes, y por eso actualmente se ven tantos pacientes con la afección”, indicó
Por otra parte, la artrosis (tiene factores genéticos, falta de actividad, obesidad y posiciones viciosas)es el desgaste normal del esqueleto que todas las personas inevitablemente padecen a determinada edad, y produce básicamente rigidez y dolor. “La rigidez de la artrosis se combate eficazmente con ejercicio –señala Quinteros–. Quien tiene una vida sedentaria probablemente tenga la misma artrosis que aquel que sí hace ejercicio, pero el que no practica actividad sufrirá un grado de rigidez y dolor mucho mayor.” A su vez, cuando hay un problema óseo por artrosis u otra causa, conviene un buen estado muscular, que actuará como defensa frente al dolor.
Se va perdiendo la masa ósea
Si el esqueleto no se usa –y si además se suman otros factores como la falta de calcio, artrosis, movimientos repetitivos, etcétera– los huesos también comienzan a debilitarse. A los 30 o 40 años no se nota, pero posteriormente la pérdida de masa ósea se transforma en osteoporosis. Esta afección es mucho más frecuente en las mujeres, pero los varones no están exentos de padecerla.
Fuente: La Gaceta










