Por Néstor Sappietro - La espera, ustedes saben, no viste siempre el mismo traje. A veces, anda serena; y otras, anda de angustia. Hay una espera distinta a las otras, es la más feroz, la más bestial… La espera del desguarnecido, la del que no tiene nada. La espera del que se subió a una ilusión que cambiaría su vida de una buena vez, y ahí está, con esa ilusión hecha jirones viendo como pasan los días sin que nada suceda.
(APe).- La espera, ustedes saben, no viste siempre el mismo traje.
A veces, anda serena; y otras, anda de angustia.
Esperar en un bar, en una esquina, en donde sea; es una tarea ingrata.
Esperar el pitazo final en ese partido en que los nuestros apenas ganan uno a cero, cuando nos colgamos del travesaño y el tiempo se vuelve eterno…
Esperar al hijo adolescente que fue a bailar solo por primera vez.
Esperar que al docente de matemática no se le ocurra llamarte justo a vos.
Esperar en una sala de guardia.
Esperar que pase ese segundo que te pone de un lado o del otro de la vida.
El hombre común, ese del que supo hablar “el mono” Ardizzone, también sabe de esperas.
Se pasa la vida esperando que algo suceda.
El que aguarda ansioso el batacazo, la buena estrella que no aparece.
El que camina la calle buscando un laburo.
El que mastica la zozobra del fin de mes que no llega nunca.
El que convive con la espera del aumento, las vacaciones, el crédito, el número a la cabeza, la jubilación, la cola para cobrar y la cola para pagar.
El que espera el “bondi” de la buena racha que siempre pasa de largo.
Pero hay una espera distinta a las otras, es la más feroz, la más bestial…
La espera del desguarnecido, la del que no tiene nada.
La espera del que se subió a una ilusión que cambiaría su vida de una buena vez, y ahí está, con esa ilusión hecha jirones viendo como pasan los días sin que nada suceda.
Ese hombre, por ejemplo, que escuchó que se pondría en marcha un Programa Federal de Construcción de Viviendas, y que en una de esas, esta vez sí, esta vez… por fin…
Sin embargo, la información deshace cada pedacito de esperanza.
“De las 120.000 viviendas anunciadas en 2004 se hicieron 58.735 en todo el país, alrededor del 48,9% del objetivo inicial que debía completarse en doce meses. De las 300.000 viviendas anunciadas en 2005 hasta abril de 2008 se habían construido 3.398, lo que representa un 1,13% de lo anunciado. Las cifras de evolución de ambos planes son oficiales”.
Otra vez, el desguarnecido, el que más precisa, se queda afuera…
Y a pesar de toda su urgencia, la espera de este hombre no aparece en las discusiones que ponen en vilo al país. Aunque hace rato que le toca andar con su confianza llena de “retenciones”, su futuro no ocupa las horas de los canales de noticias, no conmueve a los analistas, ni consume la tinta que inunda las páginas de los diarios…
La espera de ese hombre sigue siendo la discusión ausente.
Mientras tanto, él escucha a los unos y los otros mencionar a los que menos tienen, sin que los que menos tienen sean la esencia de lo que se discute ni de lo que votan los legisladores en interminables sesiones.
Esa es la espera que se vuelve nudo en la garganta, tristeza y desencanto. (Fuente de datos: Crítica de la Argentina - 06/07/08)
Fuente: Pelota de Trapo
Pintura: Antonio Berni. Desocupados - 1934.










