Los expedicionarios retornaron a la ciudad de San Juan, tras seis días de marcha a lomo de mula hasta concretar el cruce de los Andes. El ejército del general San Martín había realizado esta travesía hace 191 años para librar, en Chile, la batalla de Chacabuco.
Por Gustavo Espeche
La cuarta edición de la Ruta Sanmartiniana culminó con éxito al retornar los expedicionarios a la ciudad de San Juan, tras seis días de marcha a lomo de mula hasta concretar el cruce de los Andes, como lo hizo el ejército del general San Martín hace 191 años para librar, en Chile, la batalla de Chacabuco.
El último tramo fue desde el refugio de Gendarmería, Alto Las Frías hasta el puesto Manantiales, donde un asado preparado por personal de la fuerza hizo olvidar las peripecias de la última noche, cuando un frío intenso congeló nuevamente las paredes de las carpas, que amanecieron con una capa de hielo en su interior.
Las ropas y bolsas de dormir que permanecieron junto a los bordes, quedaron pegadas a las lonas como si se tratara de un “freezer”, pero a poco de reanudar el camino, el sol comenzó a castigar desde el frente y a secar todo atisbo de humedad en la piel.
Al llegar a Manantiales, los expedicionarios bajaban de las mulas agotados y algunos permanecían sentados o tirados junto al animal, en un último descanso sobre el fresco verde del pasto, un color que estuvo varios días ausente, reemplazado por el multicolor de las montañas yermas.
Todos se abrazaban y besaban para felicitarse por haber concretado la empresa y muchos sonreían doloridos con sus labios cuarteados tras soportar el sol impiadoso, el frío y la sequedad del aire andino, además de la altura, que los obligaba a respirar más veces de lo normal.
El dolor de otros provenía de las contusiones sufridas al haber caído de la mula y hubo quienes, con la cara cubierta por cremas protectoras, parecían mimos y embadurnaban a los otros al estrecharlos.
Atrás quedaban seis días de entre cinco y diez horas de marcha cada uno, en los que el seco tranco de la mula causó paspaduras, llagas, calambres y contracturas, además de dolores generalizados para los que nunca hubo tiempo para tratar, ya que siempre había que seguir.
Seis días alejados de las comodidades de la vida cotidiana: sin camas, servicios sanitarios, señales de teléfono o internet, electricidad y ajenos a lo que pasaba en el resto del mundo, sin radio, televisión ni diarios, ni siquiera un vecino que inventara noticias, porque todo el trayecto fue en terreno desértico.
Muchos no se afeitaron ni bañaron siquiera durante esos días y algunos se asombraban al ver nuevamente su rostro en un espejo, o al comprobar que el olor que los impregnaba no provenía de las mulas.
Para cumplir el recorrido del Ejército Libertador, soportaron temperaturas de hasta menos 12 grados, aguanieve, intensos vientos del Pacífico que corrían por las quebradas y tardes de sol calcinante, por valles, laderas, ríos pedregosos y estrechos caminos de cornisa.
Ninguno volvió herido y tampoco hubo enfrentamientos, sino que ese medio centenar de desconocidos estrechó fuertes vínculos de solidaridad, que en muchos casos derivó en una evidente amistad.
También la relación con el personal de Gendarmería y del Ejército, a cargo de la organización y seguridad, se estrechó con el correr de los días, y en Manantiales uniformados y civiles se abrazaban emocionados e intercambiaban direcciones y teléfonos en medio de promesas de repetir la experiencia.
Algo similar había ocurrido dos noches antes, al abandonar el refugio Ingeniero Sardina, el último antes de la frontera con Chile, donde la noche de despedida se armó una guitarreada de la que participaron todos los presentes hasta avanzada la madrugada.
La mayoría de los invitados a la marcha fueron periodistas, pero también había funcionarios, legisladores, jueces, médicos e historiadores, aunque entre todos se destacaba el embajador de Francia en Argentina, Charles Frederic Valeine du Laurens.
Otros invitados que sobresalieron fueron dos guitarreros -uno local y otro cordobés- que animaron las noches y el momento culmine de la travesía, cuando los argentinos se encontraron con los chilenos en el hito fronterizo, el 12 de este mes, en el 191 aniversario de la batalla de Chacabuco.
La expedición la encabezaron el gobernador sanjuanino, José Luis Gioja; el jefe de la Agrupación X de Gendarmería en San Juan, comandante mayor Edgardo Lopardo y el titular del Regimiento de Infantería de Montaña 22, teniente coronel Roberto Quiñones y, en forma honorífica, el diplomático francés.
La travesía quedó institucionalmente al mando del intendente de San Juan, el ex vicegobernador Marcelo Lima, luego que Gioja retornara en helicóptero tras el encuentro con los chilenos.
El mandatario y los expedicionarios se reencontraron a la noche en la Casa de Gobierno, donde con un nuevo asado se celebró esta cuarta Ruta Sanmartiniana, con la promesa de repetirla cada año para la misma fecha.
Fuente: Telám










