Por Rabino Daniel Dolinsky- “Este es el país de los sordos, donde cada uno piensa que el otro es el enemigo, no tenemos la capacidad de ver al otro como el diferente, como alguien que defiende otra cosa, no aceptamos las ideas diferentes”. La realidad social argentina hoy es caótica. Lamentablemente se utilizan los argumentos de la crisis social para encubrir una crisis moral. En la Argentina estamos acostumbrados a una doble moral, a decir una cosa y hacer otra. El nivel de hipocresía que tenemos como sociedad es muy grande, hablamos de la pobreza, del necesitado, del sufriente y realmente son muy pocos los que se interesan porque esto cambie, para que mejore, para que haya una sociedad que se supere a sí misma y creo, justamente, que en la realidad social argentina no son gestos los que nos faltan, nos faltan acciones. Dejar de hablar para pasar a hacer. Nosotros nos vamos en grandes proyectos, este es el país de los sueños, “mirá lo que podríamos ser y no somos”. Argentina tiene casi doscientos años y sigue usando pantalón corto, nos falta madurar“.
Para cambiar el mundo hace falta una primera acción, chiquitita y con esa acción se empieza el cambio. Nosotros nos vamos en grandes proyectos, este es el país de los sueños, “mirá lo que podríamos ser y no somos”, el país de los hipotéticos permanentes. Este país está lleno de historias chiquitas, esperanzadoras, lleno de solidaridad, lleno de una sociedad con un montón de valores, pero lamentablemente los corruptos, los ladrones, los que andan por el mal camino son noticia permanentemente, somos casi fetiches de las malas noticias, nos encantan cuando las cosas salen mal y si salen mal van a salir peor.
Parece que disfrutáramos como sociedad el hecho de que nos va mal. Por ejemplo en la situación actual que estamos pasando, esta relación tirante entre gobierno y campo, el gobierno dice “yo no tengo nada que ver, yo no soy la patronal del campo”, bueno pero entonces no hubieran aplicado las retenciones, pero este es el país de los sordos, donde cada uno piensa que el otro es el enemigo, no tenemos la capacidad de ver al otro como el diferente, como alguien que defiende otra cosa, no aceptamos las ideas diferentes.
Acá era, patria o muerte; peronismo o antiperonismo; radicalismo o antiradicalismo; menenismo o todo lo otro, somos la sociedad de los extremos, o todo está muy bien o muy mal. Lo peor de todo es que todavía no aprendimos a resolver conflictos, a darnos cuenta que en cada pelea nos va la vida, somos como una pareja que piensa que en cada peleita va a ir el divorcio. Ese es el modelo social que tenemos y mi sensación es que tenemos que madurar.
Es como el chico que antes no le dejaban usar pantalones largos hasta que no era grande, a mí me da la sensación que la Argentina tiene casi doscientos años y sigue usando pantalón corto. Bueno, un día en ese modelo de sociedad, aunque no madurara te ponían el pantalón largo y te obligaban a madurar, creo que como sociedad tenemos la obligación de madurar, un día dejarnos de jorobar y darnos cuenta que el de al lado, piense como piense, actúe como actúe, es diferente pero es mi compañero de ruta.
Pero acá parecería que se disfruta más del fracaso ajeno que del éxito propio. Si yo soy de un club de fútbol parece que disfruto más que el rival de siempre pierda que de que mi club gane. Trasladado a la vida, vivimos así, como en el fútbol, que es muchas veces el reflejo de lo que somos. Parecemos antagónicos en forma permanente y esto no nos lleva a ningún lado. Nos lleva a la propia destrucción, porque cuando me preguntan que soy, yo se que soy anti esto o anti lo otro, mucha gente se define en este país como anti.
Esta crisis social que tenemos es una crisis moral, cuando aprendamos a querer al otro como a nosotros mismos y aprendamos a convivir con el otro, vamos a dar el gran paso que nos va a permitir entender que podemos crecer todos juntos, que no necesitamos que el otro se muera para crecer.
Fuente: SER Y SOCIEDAD










