Se conocieron disfrutando del deporte y de todas las ventajas de compartir en grupo. ¿Por qué entonces no colaborar con los que no la pasaban bien? Con la intención de transformar la comunidad vecina a su sede, socios del Club Universitario de Buenos Aires (CUBA) crearon hace dos años una fundación. “Lo hicimos para agrupar la ayuda y darle más fuerza. Es el primer club que da forma institucional a sus actividades solidarias, al promover el desarrollo de las comunidades cercanas a través de programas que atiendan las diversas situaciones de vulnerabilidad que enfrentan”, explica la coordinadora general, Belén García de la Torre.
Por Cynthia Palacios - De la Redacción de LA NACION - Después de un primer año de diagnóstico y de ver cómo trabajan otras organizaciones, decidieron empezar por los barrios cercanos a las sedes de Fátima y de Villa de Mayo. “No queríamos duplicar acciones, sino potenciar esfuerzos”, agrega.
Uno de los programas que más orgullo les da es Familia Educadora. Empezó en febrero y dura dos años. Participan del proyecto 26 familias y sus 84 hijos: todos los chicos que estudian reciben una beca y las madres concurren a un taller mensual. Las historias de vida de muchas familias con tantas carencias hacen que no cuenten con las herramientas para acompañar la escolaridad de sus hijos y estimular sus aprendizajes, así como colaborar con la continuidad y el éxito de sus trayectorias educativas.
Son conscientes de que los padres no sólo necesitan un apoyo económico para sostener la escolaridad de sus hijos, sino también formarse para acompañarlos en el proceso educativo. “Hay que acompañar a los padres. Hay muchas familias en situación de vulnerabilidad, algunas de ellas con un alto riesgo”, cuenta García de la Torre. Tres actores se unieron para poner en marcha los talleres: la Fundación CUBA, como promotora y financiadora; el grupo de voluntarios Ayuda Fraterna, que conoce las necesidades de la zona, y la asesora en Educación Ana do Pico, ideóloga del programa.
LA NACION asistió a uno de los talleres, en Fátima. Bea Suffriti fue maestra de inglés y dejó de trabajar después de tener a su cuarto hijo. “Empecé a tener más tiempo y surgió la idea de devolver algo de todo lo que había recibido… “, cuenta. Así se sumó como voluntaria.
Marta González se emociona: “La única herencia que podemos dejar es la educación”. La suya es una de las familias que integran el programa y rápidamente vio los cambios en sus cuatro hijos. “Ahora van contentos a la escuela, tienen lo que necesitan y se preocupan más. Yo tengo la tranquilidad de que están más incentivados para estudiar”, cuenta. “Los talleres me sirvieron un montón. Aprendí muchas cosas que antes creía que hacía bien y pude mejorarlas”, agrega Marta.
Como la educación es el principal, pero no el único objetivo, la fundación también lleva adelante el Programa de Desarrollo Productivo que busca dar a estas comunidades el acceso a oportunidades de capacitación, financiación y asociación a través de un nuevo modelo comunitario de trabajo. Las familias también reciben microcréditos para financiar mejoras en sus viviendas. Este programa se realiza en el Centro Comunitario de Río Luján, junto con las fundaciones Alternativa 3 y Ayuda Fraterna.
En las escuelas de Fátima, llevan adelante el Programa de Formación en Valores, con el que realizaron siete talleres que promueven la reflexión y la puesta en práctica de buenos hábitos, actitudes y valores.
Con la ayuda de socios y vecinos, la fundación apuesta a seguir creciendo. Para saber más: info@fundacioncuba.org.ar , www.fundacioncuba.org.ar , o al teléfono 011 - 5277-2822.







