“Que se pongan molinos de viento sobre las torres (del edificio) de Catalinas, usinas atómicas o centrales térmicas donde les venga bien, pero que nos dejen los dineros que se producen acá. O refundemos el país en una Nación unitaria, iletrada, prepotente y demagógica”. “Yo no tengo campo. Soy hija del asfalto. Veo a mi alrededor ignorantes enriquecidos con el dinero que todos le ponemos al Estado. Y el pueblo los vota para recibir migajas en el reparto”.”No puede ser que a todo el dinero se lo lleve la ciudad de Buenos Aires” Irma Echeverría, farmaceutica, Entre Ríos.
Este domingo por la tarde se llevó a cabo un acto de apoyo al agro en la plaza central del pueblo entrerriano de La Paz. En el evento, organizado por la Sociedad Rural de La Paz, participaron más de 2000 personas y hubo varios oradores. Uno de ellos fue una farmacéutica, Irma Echeverría, quien expuso la visión del conflicto de alguien que, si bien no produce la tierra, vive en una zona donde todo gira en torno a la actividad agropecuaria. Su testimonio es replicable a los miles de pueblos que se extienden por todas las regiones productivas argentinas.
A continuación se reproduce textualmente el discurso de Echeverría:
“Yo no tengo campo. Soy hija del asfalto. Estudié farmacia y bioquímica y vivo en La Paz, un pueblo ubicado en el norte de la provincia de Entre Ríos. La única vez que vi una vaca de cerca fue en la exposición de la Sociedad Rural, así es que no puedo dar muchos datos técnicos sobre el tema, pero sí puedo decirles que cuando hay sequía, o se pierde la cosecha por lluvias, o cuando no se la puede sacar por falta de caminos, yo no puedo cobrar las cuentas corrientes. No sólo de los chacareros, sino también de los tenderos, kiosqueros, plomeros, carpinteros y demás. Por eso quiero que al campo le vaya bien. Para no terminar pagando el medicamento a un precio mayor al que al PAMI o a la empresa de medicina prepaga se le antoje pagarme”.
“El departamento La Paz, donde vivo, es una zona de montes (ahora menos, por la cantidad de sembradíos de soja), que no tiene la misma fertilidad de las tierras del sur de la provincia y mucho menos de las del norte de la provincia de Buenos Aires. Acá la misma superficie de siembra da mucho menos kilos de granos por hectárea que en la pampa húmeda”.
“Además de los impuestos de otro tipo, que todos conocemos, en el año 2002 aparecieron las retenciones agropecuarias”.
“Acá hay trigo, sorgo (poco), lino (creo que ya no hay ahora), girasol, maíz y soja. Por estos granos, en concepto de retenciones, el departamento de La Paz aportaba anualmente unos 58 millones de dólares. Ahora, con el aumento, se irían otros 8 millones más, con lo que estaríamos en los 66 millones de dólares. Me parece mucha plata para una zona que es un bolsón de pobreza en la provincia (gobernantes dixit)”.
“Pero esta plata no llega de vuelta a la zona. El país sigue siendo unitario y la Nación tiene cautivos a los gobernadores por una coparticipación de moneditas. Y eso siempre y cuando los funcionarios cumplan con las líneas bajadas. Por acá nos tocó vivir sin coparticipación en alguna época”.
“El hospital de La Paz se mantiene todo lo dignamente que se puede, pero a la belleza del paisaje y la tranquilidad de la zona, que tanto atrae a los antiguos emigrados a la capital, se le opone la falta de servicios de terapia, diálisis, etcétera. Entonces la gente elige no volver.
“Las escuelas están destartaladas y las maestras de campo pasan largos períodos sin poder dar clases, porque en épocas de lluvia se cortan los pasos y no se puede llegar ni a pié con botas de goma”.
“De las fábricas que había cuando mi padre vino a la Argentina, sólo quedaba la mitad cuando yo nací, y hoy ya no queda nada. Hay una incipiente industria turística en la que todo el pueblo se embarcó, pero no son tantos los turistas que llegan porque las rutas son malas, por falta de mantenimiento. Creo que algo privatizaron, pero no se nota que hayan invertido. Quizá fue para recibir algún subsidio. En un pueblo vecino, que tenía el tercer frigorífico mas importante del mundo en los años ´30 –la Bovril, cuyas propagandas se ven en las películas inglesas de la época– está sumido en la pobreza porque los sucesivos dueños lo usaron para pedir créditos que nunca devolvieron, estafando a la gente que creyó en ellos y al país. Y estos señores no eran chacareros ni medianos productores. Pertenecían a la elite que cuando no hay pan, come torta de la mano del político de turno”.
“En este ámbito, una suma de 66 millones de dólares es una fortuna que yo no puedo llegar a imaginar. Son muchos ceros. Creo que las retenciones serían buenas si se usaran aunque sea en parte para solucionar nuestros problemas. Con menos de 66 millones de dólares por año podíamos arreglar caminos, hacer escuelas, agrandar hospitales, poner alguna fábrica y hacer algo en investigación. Si no se meten, claro, contratistas espurios”.
“Estoy muy enojada y me cuesta ser ecuánime. Veo a mi alrededor ignorantes enriquecidos con el dinero que todos le ponemos al Estado. Y el pueblo los vota para recibir migajas en el reparto”.
“Veo algo mas grave aún. En la época de la represión, los policías y los militares retirados eran los cuerpos parapoliciales que peleaban con los civiles. Ahora los parapoliciales son los camioneros, barrabravas y todo un surtido variopinto. Es decir civiles que son mandados a reprimir a otros civiles. Pobres contra pobres”.
“Porque nosotros no conocemos ni tenemos posibilidad de hablar con la gente rica. En la zona hay unos que tienen mas que otros; el profesional que tiene auto, casa y libros; el comerciante que tiene auto, casa y veraneo en Uruguay o Brasil; el chacarero que tiene hijos en alguna universidad privada, etcétera. Pero ricos, lo que se dice ricos, no hemos visto nunca por acá. Les conocemos los encargados, administradores, capataces, pero la cara de los verdaderos dueños, ni en figurita”.
“Me parece bien retener para distribuir. Pero no puede ser que a todo el dinero se lo lleve la ciudad de Buenos Aires. Tampoco puede ser que a la energía de Salto Grande se la lleve Buenos Aires y nosotros tengamos luz que compramos a Uruguay de lo que les sobra a ellos. Y sin el cierre del anillo norte, muchas veces tenemos que generar la luz en nuestra cooperativa local con motores a fuel oil. O nos quedamos a la luz de la luna. Que se pongan molinos de viento sobre las torres (del edificio porteño) de Catalinas, usinas atómicas o centrales térmicas donde les venga bien, pero que nos dejen los dineros que se producen acá. O refundemos el país en una Nación unitaria, iletrada, prepotente y demagógica. Y acabo de repente porque ya estoy demasiado enojada y es hora de ir a trabajar”.
Fuente: Infocampo







