Eduardo Rodríguez: “Ayudo a abrir puertas, para que cada uno se anime a vivir su personal camino existencial”

Bahianoticias por Silvia Paglioni. Eduardo Rodríguez es profesor de filosofía, un “conserje del alma” que nos abre puertas a la vida, al amor, al discernimiento, a la sabiduría de la mano de la filosofía aplicada a la vida cotidiana. Nos Abre puertas” hacia el entendimiento de la vida, el amor, la mediocridad, la soledad, el miedo, la muerte y la “chatura cotidiana”.

… Sobre la vida y sus “cosas”

¿La filosofía nos ayuda a pensar y sentir la vida?

Estoy  convencido que sí, que nos ayuda a pensar y sentir la vida en la medida que sea una “filosofía práctica”, encarnada… porque es cierto que muchas veces la filosofía se extravió en vaya a saber que disquisiciones de Academia, en análisis abstrusos alejados de los problemas de la existencia. No desconozco que hace falta una “Filosofía teorética”, pero no alcanza con ella para el común de los mortales que tienen que “filosofar” en su vida cotidiana.

¿La gente sabe discernir? ¿Le interesa? o ¿Permite que los demás piensen y decidan por ellas?

Hay que “remar mucho contra la corriente”, ir más allá de la “banalidad estereotipada de los MCS”, como diría G. Vattimo, o de “lo que se dice, se hace, se opina…” sin una mínima reflexión personal y por el simple hecho de repetir “lo que dice “el uno indiferenciado que somos todos y no es ninguno” (parafraseando aquí a Heidegger). No estamos demasiado acostumbrados a discernir desde el propio criterio personal, que no hay que entenderlo como arbitrariedad o capricho, en la medida que hay una sincero intento de “con-cordar” lo que vemos, oímos, decimos y actuamos con lo que otros piensan o dicen. Se pone así en juego un “criterio personal” que habla de una conducta madura y responsable, abierta a la realidad de los otros.

¿Cuáles son los síntomas de la “chatura cotidiana”? y ¿Cuáles son las consecuencias?

La chatura cotidiana tiene como co-relato la mediocridad, el egoísmo, la indiferencia, el facilismo, la superficialidad, la banalidad de la vida y todo esto trae como consecuencia una sociedad “autista”, resquebrajada, con grandes desigualdades socio-económicas, con signos preocupantes de discriminación e intolerancia de todo tipo -racial, sexual, religiosa- y con individuos y grupos sociales cargados de resentimiento y violencia.

¿Qué es ser mediocre?

Diría José Ingenieros que “muchos nacen, pero pocos viven” y con esta definición está haciendo referencia al “hombre mediocre” (que dio título a su libro más conocido): el que vegeta moldeado por el medio, el que no tiene personalidad, el que lleva una moral de catecismo, el que es como un barco sin timón…

Enseñaba José Ingenieros: “El hombre mediocre no habla nunca; repite siempre. El hombre mediocre es una sombra proyectada por la sociedad; es por esencia imitativo y está perfectamente adaptado… para vivir en rebaño” ¿Coincides?

Sí, claro coincido, pero hago una salvedad, creo que muchos de estos hombres y mujeres que viven así están de alguna manera “justificados”, porque no hacen más que reproducir la vida chata y acrítica de sus mayores; son “corderos”, son “rebaño” porque no aprendieron otra cosa. Pensando en el relato tan simpático que cuenta el monje benedictino Mamerto Menapace titulado “Morir en la pavada”, diría que pasa mucho de esto: se nace cóndor pero se termina viviendo entre “pavos”. Todos podemos ser cóndores, pero…

¿No consideras que realmente deciden ser mediocres a conciencia, porque les permite tener una postura facilista para “esquivarle” a la vida, al compromiso y responsabilidad que esta implica en todos los órdenes y así vivir más “cómodamente”?

No, creo honestamente que no, al menos yo confío en la capacidad del hombre y la mujer para sacar lo mejor de sí. Sócrates también lo creía y por eso su tarea pedagógica, su “mayéutica”, su hacer parir lo mejor que el otro tiene pero que no ha podido aún descubrirlo. Lo mismo se desprende de “la filosofía” de un psicólogo humanista como Carl Rogers. Educar, que viene de la palabra latina “educere”, tiene que ver con esto de “facilitar, de hacer que se pongan en acción todas las potencialidades que el discípulo lleva en ciernes”. Todo docente, terapeuta, padre, etc. en el fondo debe tener esta confianza, de lo contrario habría que dedicarse a otra cosa.

Hasta hace unos años atrás Occidente se caracterizaba por tenerle miedo a la muerte en primer lugar. Los tiempos van cambiando y ahora la gente tiene como prioridad tenerle miedo a no ser feliz, en segundo lugar a la soledad, y en tercer lugar a la muerte según una encuesta que hice. ¿Cuál es la causa a tu entender de este cambio radical?

A mi modesto entender, es un cambio positivo, porque da cuenta de que la gente quiere vivir bien y ser feliz y no ser “un muerto en vida”. Es un tema largo pero, sintetizándolo, va de la mano de los cambios que supone el paso de la modernidad a la posmodernidad, del “deber ser” al “querer ser”. Podría uno discutir el problema del “individualismo” o del “narcisismo” contemporáneo, pero es legítimo que la gente quiere ser feliz según su propia perspectiva y no según se lo indica la familia, la sociedad, la iglesia, el partido, la ideología… Obviamente que esta búsqueda es auténtica en la medida que no sea a costillas del otro, a espaldas del otro. El principio de “la mayor felicidad” del utilitarismo de Stuar Mill, por ejemplo, llegó a ver esto cuando propuso algo así como: “la mayor felicidad para la mayor cantidad de gente posible”

¿Qué es la felicidad desde el punto de vista de la filosofía? y ¿Cómo experimentarla?

Nos llevaría un extenso discurso definir la felicidad pero podría parafrasear a Pascal y decirte que “todos los hombres, sin excepción buscan la manera de ser felices…; incluso aquellos que se ahorcan”. Agrego algo breve, los griegos, por ejemplo Aristóteles, no hablaban tanto de felicidad sino de “eudaimonía”, palabra griega que podemos traducir por “un cierto estado de satisfacción, de bienestar general”. Cierro con esto, asociado a lo que acabo de afirmar: la felicidad es para mí, más que un estado, una construcción personal y tiene que ver con la decisión existencial de buscarla…

¿Qué es la soledad?

Me parece que la soledad tiene hoy que ver con una realidad sociológica y psicológica asociada al anonimato y la vorágine de las grandes urbes que conspira contra la posibilidad del encuentro y del diálogo.

Tu propuesta es la lograr una “soledad auténtica”. Enséñanos qué es y cómo la logramos.

Siguiendo al psicólogo francés I. Lepp, podemos distinguir entre una “soledad auténtica”, asociada a una actitud de introspección y profundización existencial, y una “soledad estática o solitariedad”, que tiene que ver con la incapacidad para establecer vínculos más plenos con los otros, por nuestra urgencia para escapar de una soledad que no toleramos, quizás porque no podemos zambullirnos en nuestra propia realidad existencial. Esto último supondría hacer contacto con la angustia que nos confronta con nuestros límites y nuestra finitud, pero no es fácil. Todo el medio social, con sus ruidos e interferencias, conspira contra este “silencio interior”…

¿Por qué el miedo tiene que ser escuchado?

Porque sino nunca lo vamos a vencer… El miedo, dice el psicólogo argentino Norberto Levy, es esa sensación de angustia que sentimos ante la percepción de una amenaza y funciona como una señal, igual que el tablero de luces un vehículo. Habla de un problema a resolver y señala la desproporción entre lo que sentimos como amenaza y los recursos con los que contamos o sentimos que contamos para enfrentar eso amenazante. El problema es que, por confusión o ignorancia convertimos al miedo en una emoción negativa.

¿Cómo nos enseña la filosofía a enfrentar los miedos?

Si los miedos son “una amenaza” y tienen que ver con nuestra sensación, cierta o al menos subjetiva de que no tenemos recursos para enfrentarla, será cuestión de ver qué “nos hace fuertes” para enfrentar ese miedo que nos desafía…

¿Consideras que esas mujeres y hombres adultos, donde existe un marcado desequilibrio entre la edad cronológica, la mental y la emocional se debe en realidad al miedo a crecer? ¿Por qué? ¿Qué “imaginan” que les sucedería si crecieran?

Hay algún deseo de encarnar a Peter Pan en nuestra sociedad contemporánea… Algunos autores hablan de cierta “adolentización” de nuestra cultura expresado en la elevación de la juventud como “figura modelo” a seguir, con su cultivo del cuerpo y su erotización, su actitud “autocentrada” y poco responsable, etc. Si crecer supone una vocación definida con su correspondiente inserción laboral, autonomía económica, autodominio, compromiso marital, paternidad/maternidad, independencia “doméstica”, etc., en una sociedad donde hay por otro lado serios conflictos laborales y desocupación, imposibilidad de acceder a la vivienda propia o al crédito, un marco de anonimato social muy grave, falta de contención afectiva en la familia y los grupos de pertenencia, etc., es lógico que crecer en este contexto “de miedo”…

¿Qué es morir?

Decía Epicuro que no había que hacerse problema con la muerte, porque “cuando nosotros estamos la muerte no llegó y cuando la muerte llega, nosotros ya no estamos”. Más allá de la simpleza del razonamiento, creo que no está de más tomar la muerte con cierta “grandeza” personal. Dice también Comte Sponville que si la muerte es “pasar a no ser nada” ya nuestra vida supone de alguna manera un triunfo, porque es haber vencido al menos una vez a “esa nada”… La muerte, más allá del fin de nuestra “existencia humana mundana” es la constatación de nuestra finitud y, en este sentido, puede funcionar como una “vivencia reguladora” que nos de el equilibrio para vivir más sabiamente. Vamos a morir alguna vez pero, mientras tanto, somos de alguna manera protagonistas de esta vida que está en nuestras manos… Quizás no tenemos mucho, tan sólo este segmento de existencia que va desde el nacimiento al fin, pero al menos este “hilo de tiempo” nos pertenece y de él hay que hacerse cargo para decir como el poeta: “confieso que estoy vivo”.

¿Cómo puede ayudar la filosofía a comprender, aceptar, a que los duelos no sean tan dolorosos, a poder diferenciar dolor de sufrimiento a una madre o un padre que se le ha muerto un hijo o que tiene un hijo enfermo?

Quizás las religiones sean “más efectivas” para esto, pero la filosofía es más auténtica, no nos promete nada, nos confronta con nuestra frágil consistencia…, y a muchos, la mayoría, puede llevarnos a una mayor conciencia ontológica de nuestra propia condición humana… Por otra parte, nadie dijo que vivir fuera fácil. El dolor de una pérdida siempre dejará un vacío, pero no queda otra que transitarlo, salvo que uno decida entregarse. Para Viktor Frankl, el fundador de la Logoterapia, era cuestión de encontrar razones por las que vivir y, en “El hombre en busca del sentido”, cita una célebre frase de “El ocaso de los ídolos” de Nietzsche: “quien tiene un porqué para vivir, encontrará casi siempre el cómo”.

¿Qué es el Amor?

Es el “motor de la existencia” de una persona “sana”; porque también se puede vivir “enfermo” de resentimiento y odio; cada uno elige. Yo digo que amar (en el amor de pareja) es querer estar con el otro/a, compartiendo la vida y un proyecto común. El psicoterapeuta Peter Dentler, en un reportaje que tuve la oportunidad de leer, sintetizó de un modo excelente esta realidad en unas pocas palabras: “el amor es la determinación de querer estar para alguien”

La vida no siempre es cómoda. A veces nos da unos zapatos dos números más chicos para andarla por un tiempo y es algo que nos sucede a todos alguna vez. ¿No consideras que ahí nacen los grandes conflictos psicológicos y emocionales que tanta gente padece hoy en día, en ese negar su propia realidad?

Los grandes conflictos psicológicos y emocionales de la gente en su mayoría tienen que ver con situaciones no resueltas…, de la infancia, de la adolescencia…, sustancialmente ligadas a pérdidas o carencia de un amor maduro. Ahora, es bueno ser consciente de que, hagamos lo que hagamos con “el pasado”, ese pasado está aquí y ahora recomponiéndose. Hay “un hecho que es el que efectivamente sucedió”, pero en el fondo nos interesa poco. Lo que realmente importa es “el recuerdo de lo ocurrido” y es allí donde podemos actuar, desde el presente, para modificar lo que “esa historia” representa para nosotros hoy. Se trata de una RESIGNIFICACIÓN de la existencia. El sufrimiento por algo que sucedió en el pasado puede ser una especie “de ancla…” Sí, está el peligro de convertirnos en “esclavos del pasado”, aferrándonos a hechos que no llegamos a superar y se macera quizás un resentimiento que no nos deja mirar al futuro ni nos deja construir el presente. De aquí la importancia de una “aceptación proactiva”, que no significa ni olvido ni conformismo pero si reclama cierto principio de realidad y una proyección superadora…

Observo en demasiada gente como le escapan al silencio y al presente. Viven en constante aturdimiento y bullicio. No paran de hablar, de correr, de hacer cosas, no se detienen, y siempre pensando y “apostando” a el futuro “escapándole” al aquí y ahora. ¿Consideras que le temen al silencio, a la quietud y al presente, que son los únicos caminos a transitar para saber quienes somos, que queremos en verdad, para poder ser?

Si dejarán de “hablar” tendrían que escucharse y quizás no tengan nada para decirse o se encontrarían con su propia mediocridad y vacío…; y puede ser insoportable…

¿El secreto para lograr calidad y una vida realista está en el vivir aquí y ahora?

Sí, está en vivir, en apostar por vivir, en disponerse a construir un proyecto, en hacerse cargo, pero a mucha gente esto nunca se le enseño: se le vivió dando de comer “papilla existencial”, se le recortó la capacidad de elegir, se le dijo o al menos se le hizo sentir que no podía, que no era capaz, que nunca saldría adelante…

Continuemos trasladando la filosofía a lo cotidiano, a las vidas reales…

¿Cómo puede ayudarnos la filosofía a comprender y qué no nos perturbe el mundo patológico en que vivimos dónde prevalece la desigualdad, la muerte cada tres segundos de una criatura por hambre y sed, la indiferencia y la falta de solidaridad hacia el prójimo?

La filosofía es, en este sentido, una forma de no rendirse, de no entregarse frente a las perplejidades de la vida, de la civilización… Alguien dijo que la utopía no servía más que para “seguir caminando…” y creo que la filosofía puede responder a este aserto.

Soy una asidua lectora de tus escritos. Me han ayudado mucho en mi vida personal y aprendo mucho, algo que siempre te agradeceré. Pero hay uno que es mi preferido: La experiencia de “SER PUENTES”, dónde nos hablas de la hermosa experiencia de los vínculos, utilizando la imagen de “los puentes” para hablar del hombre y sus relaciones.

¿Qué es ser un puente?

Te respondo con Nietzsche: el dice en el Así hablo Zaratustra “La grandeza del hombre está en ser un puente y no una meta” y que “lo que se puede amar en él es que sea un tránsito y un ocaso”. Es lo que somos, esta tensión entre al ayer y el mañana, entre la vida y la muerte… Pero además la imagen del puente es una sugestiva metáfora que remite a nuestras relaciones… Pienso así que todo vínculo puede asociarse a la imagen de un puente y que también en definitiva, nosotros mismos, nuestra propia existencia, puede ser analizada bajo esta figura…

¿Cuáles son las actitudes y acciones que pueden provocar la ruptura de un puente?

Un “puente” es fácilmente vulnerable, es un objetivo fácil para quien quiere destruirlo. La clave es tomar conciencia de estas limitaciones para cuidarnos de socavar su soportes. Un puente que se cae es un vínculo que se pierde…; una herida a la trama interpersonal…

En uno de tus cafés filosóficos hablaste sobre “La palabra”. Considero que la palabra tiene un poder enorme y no somos conscientes en verdad de ello. Podemos enaltecer y ayudar con palabras que tienen alma o destruir y desamparar a un ser humano con palabras sin alma.

La palabra es el reflejo de nuestra humanidad. Es “nombre” y a la vez “significación”. No hay palabras sin pensamiento ni pensamiento ( al menos un pensamiento esclarecido) sin palabras… Las palabras comunican para informar pero también para acercar o alejar… ellas tienen peso, densidad, bordes, color, temperatura, música, luz, tonalidad, textura, brillo…

¿La palabra es el eco del alma?

La palabra es la maravilla de nuestra condición humana. Es el sello que un grupo humano pone en su descendencia, para confirmarlo humanamente. En cada uno de nosotros, representantes del género humano, podemos decir que, cuando “el verbo (con minúscula) se hace carne” el milagro de nuestra creación se confirma. Como diría F. Savater, no alcanza con nacer de un nacimiento biológico; nuestra condición humana reclama un segundo parto que es el nacimiento cultural en el seno de una matriz social y aquí la palabra alcanza su más plena significación. Ellas describen un mundo que vamos internalizando en la medida que “la palabra” se nos hace cercana, familiar. Pero esta palabra…, herramienta poderosa que nos permite nombrar, significar, configurar el entorno implica a la vez “recortar un mundo” de una determinada manera. Por eso la palabra es a la vez “apertura” y “cierre”: nos abre a la maravilla de “una realidad” a la vez que “nos cierra” a la multiplicidad de “otras”. Por eso la “necesidad de la escucha…”

¿Qué diferencia hay entre la palabra y la escucha?

Son las 2 caras de una moneda… Rafael Echeverría, en su Ontología del lenguaje, sostiene que la comunicación descansa principalmente en el “escuchar”, porque hablamos para ser escuchados. Por eso es el escuchar más que el hablar lo que confiere sentido a lo que decimos… Me animo a decir que recién al escuchar al otro le estamos dando “entidad”, lo estamos “confirmando en su existencia”

¿Qué significa dialogar? y ¿Cómo retornamos al olvidado arte del diálogo? Ya que actualmente casi no existe en las relaciones humanas ya sea por “falta de tiempo”, interés o por falta de profundidad en el sentir.

Dialogar es poder ir más allá del propio discurso y “re-conocer” al otro. Por lo que venía diciéndote en la pregunta anterior, me animo a afirmar que recién al escuchar al otro le estamos dando “entidad”, lo estamos “confirmando en su existencia”. Sólo entonces hay “dia-logo” y no “monó-logo”

Dar y recibir. Algunos dicen dar y no esperar nada a cambio (no recibir nada) y muchos se aprovechan. El eco no responde… Y están los que como yo, creemos que es fundamental la reciprocidad, ya que como dice la psicóloga Virginia Gawel “Nadie es tan pobre que no tenga algo para dar aunque más no sea una actitud” ¿Qué opinas al respecto?

Puede haber un “amor total de “entrega”, pero creo que siempre, de alguna manera, hay una cierta reciprocidad. El bebé está siendo recíproco aunque no se lo proponga, cuando se duerme totalmente entregado en los brazos de su madre después de tomar el pecho… Ni que hablar con una pareja y, en todo caso, si continúo en una relación a pesar de la falta de reciprocidad habría que preguntarse que “satisfacción” o beneficio tengo en esa relación, por más carente de reciprocidad que parezca, para que la sigo sosteniendo…

Sobre su Trabajo…

Tu sueño e inquietud desde hace muchos años es trasladar la filosofía a lo cotidiano y desacartonarla ¿Cómo va ese intento?

Fue una búsqueda creciente, que empezó por los propios cambios personales en el modo de transmitir mi experiencia filosófica, en la forma de dar clase, etc. Primero empezó allí, en el aula, modificando mi forma de trabajar con los alumnos. Tímidamente fui intentando hacer los encuentros más dinámicos y empezaron a llegar dramatizaciones como la de la “alegoría de la caverna” para contar este relato clásico de Platón, el “ritual del jefe Seattle” para abordar nuestro modo de tratar a la naturaleza, los títeres de Sócrates o de Nietzsche para interactuar con los alumnos, mi “monólogo de Camus” para introducir la problemática existencialista, etc, etc. A todo esto le siguieron los Cafés filosóficos, luego los Retiros o las Jornadas, también los Grupos de Orientación Filosófica, en fin, como vos decís, modos de trasladar la filosofía a lo cotidiano…

¿Por qué senderos te llevó a transitar la filosofía?

Justamente, me hizo empezar a transitar, como diría Heidegger, los “senderos del bosque”, lugares nuevos, desconocidos… Un “ir haciendo camino” que suponía novedades, desafíos distintos, cierta creatividad y experimentación, pero no sólo en el aula, sino en mi propia búsqueda personal; esto fue lo poderoso de mi “conversión filosófica”. Podría de algún modo decir que me identifiqué con el comodín del que hablar J. Gaarder en su novela “El misterio del solitario” y que es distinto al resto de los naipes del mazo que son “figuras ya definidas”, 4 de espada, 3 de oro… El comodín es como el “loco” de las Cartas de Tarot: implica tránsito, inocencia, improvisación, riesgo, gozo, salto, búsqueda…

¿Cómo se gestó la idea de hacer Cafés filosóficos y en que consisten?

Esto lo describo bastante en mi página web, que es www.cafefilo.com.ar , pero aquí te lo puedo responder en dos palabras: yo no los inventé, me sumé a toda una corriente internacional y local, pero para mí representan un espacio para acercar la filosofía a la gente y para, modestamente, poner en juego la mayéutica socrática. Creo que todos necesitamos un espacio donde se nos motive a pensar…; se nos facilite la reflexión… Como diría Sponville, se trata de “pensar la vida y vivir el pensamiento”

Has escrito un libro: “Filosofía práctica: encuentros para repensar la vida”. Háblanos de ese hijo soñado, fruto de tus estudios, trabajo y experiencia de vida.

Es el resultado o el fruto, como vos decís, de algunos años de docencia. Pensé inicialmente el libro para trabajar con mis alumnos, pero sobre la marcha me percaté que podía serle útil a muchos otros que, sin serlo, podían encontrar allí temas de utilidad para reflexionar en sus vidas, para ser mas auténticos, más felices… Así tomaron forma estos “encuentros” que invitan a recuperar nuestra actitud filosófica, a preguntarse sobre nuestro modo de habitar y abordar temas como el bien, la verdad, la libertad, las relaciones interpersonales, el vínculo con el misterio…

La pregunta que nunca te hicieron y estás esperando

No la sé…

Tu legado de vida a las futuras generaciones

Cuando presenté mi libro recientemente dije al público que me estaba acompañando que “si tuviera hoy “que partir” y me planteara que les dejo a mis hijos, me respondería que les dejo este libro que es el “reflejo del pensamiento de su padre…” No tendría otra cosa, ni dinero, ni propiedades, solo pensamientos y la confianza en que algún día me leerán.

Eduardo ¿Sólo sabes que no sabes nada y te queda mucho por saber?

Sí, soy muy consciente de mis límites intelectuales pero sé que en mi tarea docente no me guardo nada, lo que sé o vivo lo comparto… esto la gente lo percibe y es lo que me agradece. Yo ayudo a “abrir puertas”, para que cada uno busque sus propios maestros o para que se anime a vivir su “personal” camino existencial.

Eduardo Daniel Rodríguez, es Argentino, nació en Buenos Aires. Es Profesor de Filosofía y Pedagogía. Hace 24 años que ejerce la actividad académica docente en el nivel Terciario y Universitario. Es un divulgador de la filosofía para todo público a través de Talleres, Encuentros de fin de semana y Cafés Filosóficos organizados.

Su Web y para contactarse: CAFEFILO - www.cafefilo.com.ar




1 Comentarios

  1. ESTHER Dice:

    Me encantaría concurrir a vuestros encuentros leo, escucho, aprendo

    Ud.dirá donde son

    Yo vivo en Martínez

    Puedo semanalmente viajar por zona norte o capita

    espero su respuesta Esther

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