Donaron trece mil litros de agua a pobladores del desierto lavallino

Mendoza - Argentina - Dos historias. Una, cargada de necesidades y sacrificios, es la del pueblo de El Retamo, ubicado en pleno desierto lavallino y sin agua hace más de cincuenta días. La otra, que habla de la solidaridad. El agua entregada pertenece a donaciones de todos los mendocinos hacia Perú, azotado por un fuerte terremoto en agosto del año pasado y que por cuestiones técnicas de traslado, no fue posible llevar el agua.

Por Juan Manuel Gatti - Diario Los Andes- Dos historias. Una, cargada de necesidades y sacrificios, es la del pueblo de El Retamo, ubicado en pleno desierto lavallino y sin agua hace más de cincuenta días.

La otra, que habla de la solidaridad, es la del operativo encarado por concejales de Lavalle y el Escuadrón Lama de la IV Brigada Aérea.

La segunda historia se concretó este viernes, cuando camiones con 13.000 litros de agua embotellada -en carácter de donación- arribaron a El Retamo y a otros parajes del desierto.

El agua entregada pertenece a donaciones de todos los mendocinos hacia Perú, azotado por un fuerte terremoto en agosto del año pasado.

Por cuestiones técnicas de traslado, no fue posible llevar el agua a tierras peruanas, por lo que las botellas quedaron guardadas en un hangar.

Una nota periodística publicada en Los Andes hace dos semanas que narraba las peripecias que tenía que hacer la gente del pueblo para valerse de agua, tras una sequía de casi dos meses, encendió la llamita solidaria.

“El domingo estaba leyendo el diario con mi mujer y pensé que lo que no había llegado a Perú podía venirle bien a esta gente. Esa misma tarde me llamaron desde la Municipalidad de Lavalle por lo mismo. Hicimos de puente entre el consulado de Perú y la gente de Lavalle”, comentó el mayor Eduardo Beiocco, del escuadrón de helicópteros Lama.

Así fue como todo quedó listo. La donación se llevaría a cabo. Camiones por tierra con la mercadería y el helicóptero Lama por aire. El Retamo está a unos 170 km de la villa principal de Lavalle (Tulumaya) y a 52 (larguísimos) de la ruta Nacional 142, camino que los conecta entre sí.

¡Llegó el agua!

La nave despegó tempranito desde la base, viaje del cual Los Andes participó como invitado. Tempranito también se despertó la familia Ponce, que esperaba hace más de cincuenta días una gota de agua sin arsénico, salitre, boro o todas estas sustancias juntas, que son las propias del agua que se puede extraer de esta zona de secano

¿Qué son las distancias por aire? Entre la base aeronáutica de Las Heras y el pueblo destino no había, literalmente, nada.

Finalmente el encuentro se produjo. El agua llegó en un camión para ser descargada en un depósito.

Ahí estaba la mirada de Andrea Cabrera, una de las tantas madres de El Retamo que estaba agradecida por la donación. Quizás era el brillo de la esperanza lo que tenía en los ojos.

O tal vez, el que surge cuando se vive con hijos chiquitos, sin agua, sin medicamentos y, como si todo esto fuera poco, sin casa.

“Los remedios no alcanzan y con la falta de agua los chicos se enferman más. O sea que nuestro principal problema sigue siendo la falta de agua potable. De los pozos no se puede, dicen que trae arsénico. La mayoría de las familias juntamos agua de lluvia, es la de mejor calidad que podemos tener… y hace tanto que no llueve”, dijo Marcela Caña, con desazón.

En su estancia en El Retamo, Los Andes visitó la casa de los Ponce, o mejor dicho, la casa de barro y adobe de los Ponce.

“La chiquitita del hogar, Araceli (5), al mostrar junto a su mamá Marcela las distintas excavaciones que tenían cerca de la vivienda, disparó: “No tiene nombre, sólo se llama Tortuga. Se esconde en los pozos secos”.

Luego presentó a cada uno de los animalitos del puesto y hasta señaló un parral, en donde el “Tata”, Ceferino Ponce (72), se acoda por las mañanas para apurar un tabaco en espera de alguna oportunidad para poder llevar sus chivos al centro de Lavalle para venderlos.

“Voy al jardín y después voy a ir a la escuela”, remató, inteligente y soñadora.

El desierto de todos los días

En el operativo de donación participaron -junto a sus asistentes- los concejales lavallinos Ivana Bussolano y Adrián Medina.

Además del jefe de Zonas No Irrigadas de la comuna, Gustavo Villegas, quien admitió a este diario en su anterior visita a El Retamo no estar al tanto de que hace más de un mes y medio que falta el agua en esta zona.

Pero comentó que de todos modos las culpas son compartidas: un delegado encargado de administrar el suministro, al cual se le donó una camioneta en los 90 para que se encargue de buscar agua en Encón (San Juan); la comunidad, que no se ha organizado para elegir a otro encargado; y la situación económica, ya que el municipio sólo brinda dinero para pagar el gasoil de los camiones sólo algunos meses.

“A veces nos traen agua en camiones de la Municipalidad, pero eso pasa sólo cuando se acuerdan”, comentó Marcela Talquenca, mamá de la pequeña Araceli.

Por otro lado, la concejala Bussolano resaltó: “El problema del agua en estas zonas es más grave. Las donaciones ayudan, pero es momento de encontrar otro tipo de solución. Hemos pedido una audiencia con el gobernador de San Luis para gestionar un acueducto que venga desde ahí. En definitiva, es más cerca que desde Lavalle. Nos dijeron que aproximadamente en dos semanas íbamos a tener la reunión”.

Lavalle proyecta un acueducto, pero el problema es la calidad del agua con que cuenta toda la zona.

Luego, el operativo de donación siguió su curso, repartiendo los 13.000 litros en botellas entre los pueblos de Las Lagunitas, El Forzudo, Arroyito y El Retiro. Los pobladores de todos ellos tienen un problema en común: la vida hostil del desierto. (Fin nota)

El Retamo, que queda a 120 km de Mendoza.

El Retamo se encuentra a unos 170 kilómetros de la villa cabecera de Lavalle. Pero para llegar se deben recorrer 52 desde la salida de la ruta Nacional 142 -la misma que conduce a la Reserva Telteca y los Altos Limpios-, la mitad de ellos de un ripio de piedras gruesas y serruchos, y el resto de un camino arcilloso que no se puede transitar cuando llueve.

En ese pueblo, unas 70 familias viven principalmente de la crianza de chivos o planes sociales, los niños estudian en la escuela albergue y todos toman agua que les suministra periódicamente un camión, a menos que, como ocurre desde hace un mes y medio atrás, deje de llevarles el líquido.

Omar Molina cuenta que tienen que ir a buscar agua al ramblón, que es una excavación que se realiza en la tierra para que se acumule agua de lluvia y puedan beber los animales. (Sandra Conte - Los Andes)

Foto: Marcos García (Los Andes)




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