Argentina - Rolando Rivera Pomar, doctor en Bioquimica e investigador del Conicet, que estudia el genoma de la vinchuca, indicó que la mayor parte del dinero que se invierte en ciencia proviene de préstamos de organismos internacionales. “¿Qué poder de decisión puede tener el país en lo que quiere hacer estratégicamente?” , reflexionó.
Por Victoria Verza para Diario Hoy - En las proximidades del Cruce Varela, sobre la ruta provincial Nº 36, se destaca un edificio blanco, enorme y curvo. Allí, donde alguna vez funcionaron los laboratorios petrotécnicos de YPF y, donde llamativamente quedaron pegadas en las paredes calcomanías de un ex presidente patilludo, el zoólogo de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), Rolando Rivera Pomar investiga el genoma de la vinchuca. El insecto transmisor de una enfermedad ligada a la pobreza: el mal de chagas.
“Hay enfermedades que son más democráticas, como el dengue”, menciona el científico y en su tono de voz se denota hasta cierta simpatía por el insecto de patas largas.
“El mosquito no hace distinción. Entra por la ventana al country más elegante como a una vivienda de Villa Itatí y pica a todos por igual”.
Rivera Pomar es director del Centro Regional de Estudios Genómicos (AUGM-UNLP) e investigador independiente del Conicet, algo que para el especialista significa simplemente ser un “empleado público”, como tantos otros. “Pareciera que uno por ser investigador del Conicet ha sido tocado por una varita mágica que te transforma en un ser superior. Y no es así”, afirma.
Sin tapujos, también analiza el estado de la ciencia en nuestro país.
“Mirá que mal estará la ciencia en Argentina que cuando la Presidenta dijo que la soja era un yuyo, que es una burrada, al lado estaba el ministro de Ciencia y Tecnología”.
-¿Qué estudia sobre la vinchuca?
-Lo que hacemos es investigar el genoma del insecto. Estamos estudiando proteínas que funcionan como hormonas y como antimicrobianos en vinchucas. Normalmente, ese tipo de proteínas son blancos de insecticidas. Cuando uno hace un insecticida el producto mata al bicho porque afecta algunas funciones fisiológicas. Pero cuanto más insecticida uno tira hay probabilidades de que el bicho se haga resistente a ese producto. De hecho, hay regiones de Jujuy y Salta donde las vinchucas son resistentes a los insecticidas tradicionales. Entonces, si vos conoces nuevos procesos fisiológicos podes imaginar cuáles tenés que bloquear o intervenir con algún insecticida. Si no sabes a qué le tenés que tirar el alpargatazo no podes diseñar ni siquiera con que le vas a pegar. Lo que nosotros hacemos es trabajo básico. Es una manera de encontrar nuevas vías para que se puedan diseñar insecticidas.
-¿Usted es investigador independiente del Conicet?
-Sí. Lo cual no significa nada. Soy un empleado público como tantos otros. Pareciera que uno por ser investigador del Conicet ha sido tocado por una varita mágica que te transforma en un ser superior. Y no es así.
-¿No es difícil ingresar al Conicet y permanecer dentro del sistema?
-Ahora no es complicado ingresar. Hubo una época en que entraban diez personas por año. El nivel de exigencia era muy alto. De exigencia académica y de amigos que uno tenía ahí adentro. Eso también pesaba mucho para poder entrar.
Ahora, por suerte, se ha abierto mucho más el ingreso a la carrera de investigador. Y una vez que ingresás hay que ser muy bruto y muy vago para que te dejen afuera. Alguna persona puede quedar afuera, pero son excepciones.
No hago un juicio de valor de que esto sea bueno o malo, porque tener estabilidad en un trabajo es, al fin al cabo, a lo que aspira todo el mundo.
-Hay muchos científicos que dicen que el Conicet está mejor que en otros años.
-Está mejor porque hay más plata. Cuando hay abundancia las miserias humanas no se notan. Cuando había poco se notaban. Eso es un problema tradicional de la Argentina. Si hay plata estamos maravillosos, somos el mejor país del mundo. Después de diez años de estar en el piso, con una depresión única, cuando tenés 10 pesos en el bolsillo te sentís Gardel. Con el Conicet pasa lo mismo y con todo el sistema. Es una institución más del Estado. Como ingresan 500 investigadores al año es bárbaro. Pero los problemas estructurales siguen existiendo. Hay un montón de cosas que son criticables. Pero no las inventaron ahora. Ya lo eran hace veinte años.
-¿Qué cosa considera criticables?
-Las evaluaciones son malas. El Conicet funciona como un sistema de compartimentos no relacionados. No fomenta el trabajo interdisciplinario. Eso es consecuencia de que se mantienen áreas definidas, en donde hay un grupo de gente que siempre ha tenido injerencias y no quiere diluir sus influencias. Pongo un ejemplo hipotético. Si un biólogo y un físico quieren hacer un trabajo interdisciplinario ¿En que área lo van a evaluar? ¿En física o biología?. Y ahí empiezan las discusiones.
Los estándares de evaluación son diferentes de un área a otra. No sólo los académicos sino el criterio con que se evalúa es distinto. Entonces, uno termina poniendo el expediente en la comisión que más le conviene, que es la que tiene menos exigencia. Además, el sistema de evaluación es muy secreto.
-¿Cómo es eso?
-Yo lo comparo con las universidades, donde el sistema es abierto. Yo sé quién me va a evaluar y va a decir si puedo ser profesor o no. Cuando me presento a concursar un cargo docente se que el jurado va a estar integrado por fulano, zutano y perengano.
En el Conicet las evaluaciones externas a los investigadores que se postulan para un cargo son secretas. Eso permite mucha irresponsabilidad.
-No es habitual escuchar de científicos este tipo de críticas hacia el Conicet…
-Y no te lo van a decir porque se piensa que si uno habla en contra del sistema el día de mañana algún miembro del directorio del Conicet te podría bajar la evaluación.
Que me lo bajen. Me voy a vender banderitas a los colectivos. No tengo problemas. Si el estado en que está la ciencia argentina es culpa de los científicos.
-¿Cómo está la ciencia argentina?
-Mal. Mejorando. Pero eso es por una cuestión de dinero no de estructura. No está mejor porque la ciencia es necesaria. No hay una percepción ni en la ciudadanía ni en los gobernantes ni en los políticos de que la ciencia es importante.
Mirá que mal estará la ciencia en Argentina que cuando la Presidenta dijo que la soja era un yuyo, que es una burrada, al lado estaba el ministro de Ciencia y Tecnología. Yo no me quiero poner en los zapatos del ministro, que lo conozco y sé que de ese tema sabe, teniendo que escuchar que dicen eso. No hago un juicio del tema del campo. Lo vi en la tele y pensé “pobre Lino lo que tiene que estar escuchando”.
-¿Tan mal la ve?
-No es desastrosa, pero no voy a decir que vivimos en el paraíso. La mayor parte de la plata que se invierte en ciencia y tecnología en Argentina, excepto la del Conicet, proviene de préstamos de organismos internacionales de crédito. ¿Qué poder de decisión puede tener el país en lo que quiere hacer estratégicamente? Muy poco.
-¿Qué podría hacer el ministerio de Ciencia y Tecnología?
-Lo que podría hacer es que todos los subsidios a la investigación básica no provengan de préstamos. Que estén dentro del presupuesto nacional y que sea el Congreso el que decida. Y que se pase a una inversión genuina del país. Ojalá lo haga, sino no me van a convencer de que la ciencia es maravillosa.









