Aunque hay mucho dolor en la vida, también hay alivio y felicidad; la intensidad de cada uno depende solo de uno mismo. Todos tenemos defectos y virtudes, un lado positivo y otro negativo, buenas intenciones y malas también. Pero generalmente es más difícil dominar nuestros malos sentimientos, sobre todo cuando nos invade el enojo o el resentimiento.
Por Alejandra y Alberto Peralta - (La Gran Época) En la antigua China había un ídolo de barro que era muy envidioso de las personas que pasaban caminando cerca de él. Cansado de estar siempre en la misma situación, un día le imploró su ayuda al Buda: “¿Podría permitirme convertirme en un ser humano por favor?”
“Puedes convertirte en un ser humano”, le dijo el Buda sin dudarlo, “Sin embargo, en primer lugar, tienes que seguirme en un viaje para conocer la vida de un ser humano. Si no eres capaz de soportar el dolor, puedo llevarte de vuelta a ser un ídolo de barro”. Tan pronto como el Buda terminó sus palabras, movió su mano y el ídolo se convirtió en un hombre joven.
El joven siguió al Buda al borde de un gran acantilado. El acantilado estaba divididos dos, uno frente al otro separados por una larga distancia, pero conectados por un largo puente hecho de cadenas que formaban muchos aros de hierro de diferentes tamaños. El acantilado de este lado era ‘la vida’ y el del otro lado era ‘la muerte’.
“¡Ahora cruza de este acantilado hacia el otro acantilado!”, le ordenó el Buda con firmeza.
El joven con altanería dio un paso sobre los aros de hierro y avanzó tambaleando. En solo un instante de descuido cayó en un aro y perdió el apoyo de sus piernas. Su pecho quedó aprisionado tan estrechamente que apenas podía respirar. Desesperado comenzó a gritar “¡Ayuda! ¡Ayuda!”
Con una sonrisa, el Buda le dijo: “Te tienes que ayudar a ti mismo. En este viaje, la única persona que puede salvarte eres tú mismo”.
El joven retorció todo su cuerpo y se esforzó mucho para salir por sí solo. Una vez fuera preguntó: “¿Qué tipo de aro de hierro eres tú? ¡Me agarraste tan dolorosamente!”.
“Yo soy el aro de la fama y el dinero”, respondió el aro.
El joven, consternado, decidió seguir adelante. De repente, divisó débilmente una bella mujer que le devolvía una agradable sonrisa; se distrajo y se resbaló dando lugar a otra caída dentro de un aro. “¡Socorro! ¡Socorro!” gritaba de pánico.
El Buda reapareció delante de él nuevamente le dijo: “En este viaje, la única persona que puede salvarte eres tú mismo”.
El joven, tras largo rato de esfuerzo, se las ingenió para salir del aro, pero para entonces estaba tan agotado que se sentó entre dos aros a descansar y en voz alta pensó: “¿Eres el doloroso aro de hace un momento?”
“Yo soy el aro de los placeres”, le respondió el aro.
Continuando con el difícil viaje, el joven fue cayendo en los aros de la avaricia, los celos y el odio, uno tras otro. Después de batallar por salir de esos dolorosos aros, y ya completamente agotado, no tuvo valor para seguir adelante. Entonces el Buda le dijo: “Aunque hay mucho dolor en la vida, también hay alivio y felicidad. ¿Estás seguro que deseas renunciar a tener la vida de un ser humano?”
El joven no lo dudó. “Hay demasiado dolor en ser un humano, mientras que la felicidad y los momentos agradables son demasiado cortos. Decido renunciar y volver a mi vida como un ídolo de barro”.
“La intensidad del dolor o la felicidad en este viaje dependía de ti mismo, la única persona que puede salvarte eres tú mismo”. Con estas palabras el Buda movió nuevamente su mano y el joven volvió a ser un ídolo de barro. No mucho después una pesada lluvia cayó sobre el lugar y el ídolo se convirtió en tan solo un montón de lodo.
En todos los tiempos, en todos los lugares, siempre se dijo que el hombre es la criatura más preciada sobre la Tierra; todas las culturas antiguas creían que todas las miríadas de vidas sobre la Tierra querían convertirse en seres humanos. Entonces, ¿es tan doloroso ser un humano? Claro que sí, pero depende de cada uno llevar o no una vida agotadora y dolorosa por estar amarrados al egoísmo, al odio, la avaricia, el rencor, entre tantas otras cadenas, o liberarse y transitar la vida livianamente.
Todos tenemos defectos y virtudes, un lado positivo y otro negativo, buenas intenciones y malas también. Pero generalmente es más difícil dominar nuestros malos sentimientos, sobre todo cuando nos invade el enojo o el resentimiento. Si podemos estar atentos en fortalecer los buenos pensamientos, daremos espacio a que prevalezca lo mejor de nosotros y llevar una vida tranquila y feliz. Todo depende de nosotros mismos.












