Suele decirse que la causa de la obesidad y el sobrepeso está en la falta de actividad física regular y en la dieta errónea o poco saludable. Y suele ser cierto. Pero hay otros factores que contribuyen a “esos kilos de más”: el uso de medicamentos –que son necesarios para tratar ciertas afecciones- pero que tiene un efecto secundario no deseado: el aumento de peso.
Algunos de los “culpables” son además, muy ampliamente recetados por los médicos a sus pacientes: por ejemplo drogas con efectos antinflamatorios (corticoides) a las que se recurre frecuentemente para paliar el dolor de artritis. Y lo mismo ocurre con otros medicamentos que se emplean para tratar la alergia o calmar dolores comunes y repetidos como las migrañas.
Otros tratamientos “engordantes”
Las medicinas que pueden generar kilos de más se usan para manejar una variada gama de patologías. Pero las más “preocupantes” son las que se emplean en el tratamiento de enfermedades crónicas, como el sida, la diabetes o en afecciones psiquiátricas.
Y estas, justamente por su condición de crónicas, se vuelven doblemente delicadas, ya que el paciente no puede dejar de tomar medicamentos sin comprometer su bienestar.
De todos modos hay otros medicamentos que –incluso siendo de venta libre- pueden alterar el equilibrio del apetito y causar sobrepeso. Por ejemplo, drogas para contribuir a la llegada del sueño u hormonas en forma de pastillas anticonceptivas.
Las más conocidas
Entre las familias más conocidas de las drogas que pueden contribuir al aumento de peso como efecto secundario no deseado, figuran las siguientes:
* Antihistamínicos: (usadas para tratar la alergia). Causan un efecto sedante que contribuye a que hagamos una menor cantidad de ejercicio.
* Antidepresivos: En su trabajo específico bioquímico tratando de estimular y mejorar el estado de ánimo de la persona, afectando las relaciones y reacciones químicas que ocurren en el cerebro, pueden termina elevando el apetito.
* Anticonceptivas: Trabajan alterando equilibrios hormonales. Y pueden facilitar la retención de líquidos.
* Sedantes y calmantes de venta libre: Muchas veces usadas para facilitar la llegada del sueño o para calmar dolores menores.
* Migrañas: Calmantes más potentes, dirigidos a disminuir y prevenir los ataques de migrañas recurrentes, pueden aumentar el apetito.
Lo interesante es que estas consecuencias no deseadas en el peso pueden, en general, combatirse o mederarse cambiando –en algunos casos- la familia de medicamentos recetados o, simplemente, mejorando ciertos hábitos cotidianos. Por ejemplo, una mejora en la calidad de los ingredientes de la dieta diaria, o un aumento de la cantidad de actividad física que sirva para compensar lo generado como efecto secundario por la droga que no se puede dejar de tomar.
Fuente: Salud y Ciencias









