¿La ideología es hereditaria y el carisma político fruto de las hormonas?

Algunos estudios científicos sostienen que la intención de voto depende de los genes. Si la ideología es hereditaria, ¿para qué sirven las elecciones? ¿El militante izquierdista nace o se hace? ¿Puede un simpatizante de la derecha cambiar con facilidad el sentido de su voto? Desde hace décadas, los partidarios de uno y otro bando descalifican a sus rivales asegurando cosas como que: “Esos ya han nacido con el voto decidido” y “no cambiarían de opinión nunca, por muy mal que lo hagan los suyos”. Aunque ambas afirmaciones son en realidad muy exageradas, podría ser que escondieran un fondo de verdad.

Hermanos que piensan igual

Muchos pensadores llevan tiempo acariciando la posibilidad de que la ideología política pueda tener una base biológica, pero es ahora cuando están apareciendo los primeros indicios sólidos. John Alfred y John R. Hibbing, catedráticos de Ciencias Políticas de las Universidades de Texas y Nebraska, dirigieron un estudio con veinte mil parejas de gemelos monocigóticos (que en el momento de su gestación comparten el 100% del ADN) y dicigóticos (que solo tienen en comun el 50% de su genoma), a los que sometieron a varios tests sobre cuestiones políticas. Los investigadores observaron que el porcentaje de coincidencias entre ambos hermanos era hasta un 65% superior entre los miembros del primer grupo que entre los del segundo. Dado que todos los voluntarios de ambas categorías se habían criado en ambientes similares, Alfred y Higgins opinan que se trata de un indicio de la existencia de una base genética común que justifica esas coincidencias ideológicas. Aunque dicha tesis no es compartida por todos los expertos, hay otros muchos que la han acogido con entusiasmo. Como Frank Sulloway, psicólogo de la Universidad de Berkeley (California), quien afirma que: “Sabemos que no existe un gen concreto que nos impulse a ser de derechas o de izquierdas. Pero tal vez se pueda de­mostrar que sí existen combinaciones de genes que influyen en la manera en que se moldean distintos rasgos de nuestra personalidad; rasgos que sí están vinculados directamente con las idea políticas”.

LA PRUEBA DEL GEMELO

El alto grado de similitud ideológica de los gemelos es un indicio de que podría existir una base genética. Pero para los escépticos eso no prueba nada. “Dos terceras partes de los gemelos comparten el mismo torrente sanguíneo cuando son embriones”, explica el biólogo Evan Charney. “Las semejanzas de carácter podráan deberse a haber estado expuestos a los mismos niveles de hormonas”.

¿Te abstienes o votas?

Los psicólogos suelen dividir las características que conforman la personalidad en cuatro categorías principales: la concienciación (la capacidad de comprender los deberes y obligaciones y de acatar las reglas sociales), la apertura de mente (el ser receptivo al mundo exterior y a las nuevas ideas), la extraversión (capacidad de responder con rapidez a los estímulos externos), y la neurosis. La última no parece tener ningún vínculo directo con la ideología, pero las otras tres sí.

Un experimento realizado por John Jost, psicólogo de la Universidad de Nueva York, demostró que en las personas con ideas conservadoras primaban (por este orden) la concienciación, la extraversión y la apertura de mente. Mientras que entre los progresistas, el orden era el inverso: la apertura de mente, la extraversión y la concienciación. El predominio de alguna de estas características sí está relacionado con la genética. Tal y como explica James H. Fowler, catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad de California: “La extraversión y la apertura de mente están directamente vinculadas con la presencia en el cerebro de unos altos niveles de un neurotransmisor llamado serotonina”. Una sustancia cuya producción es regulada por dos genes, el 5HTT y el MAOA.

Con este dato, Fowler promovio un estudio con 2.500 adultos y encontró que aquellas personas que presentaban variantes de estos genes, mucho más eficaces a la hora de regular la química cerebral, eran más sensibles a los problemas ajenos y abiertas ante nuevas ideas. Estos individuos eran también más proclives a ir a votar y se involucraban activamente en las campañas electorales.

Lo hacían incluso cuando sabían que su partido no tenía ninguna posibilidad de ganar. “Es como si hubieran sido programados para votar”, explica el investigador. Pero podría haber aún más genes involucrados en la cuestión. Así, Iria Carmen, una profesora de Ciencias Políticas de la Universidad de Chicago, sugiere que la concienciación está relacionada con el D4DR, gen conectado con la producción de dopamina, y varios estudios apuntan a que unos niveles elevados de esta hormona pueden ser responsables de la obsesión con el deber, la responsabilidad y la necesidad de imponer orden y seguridad.

EL CARISMA POLÍTICO ES FRUTO DE LAS HORMONAS

Los líderes nacen, no se hacen. Según el psiquiatra Adolfo Tobeña, las hormonas y los neurotransmisores determinan un 35% de la materia prima que necesita un político.

Los individuos manipuladores y dominantes están más capacitados para luchar por el poder, explica Tobeña, y esos atributos dependen de los resortes hormonales, que tienen una base genética.
Para el psicólogo Iñaki Piñuel, las sonrisas carismáticas de líderes como Obama y Hillary son máscaras que esconden: Un organismo rebosante de andrógenos, hormonas masculinas que les preparan para la lucha.

Continuar leyendo la investigación y ver estadísticas: SANGRE ROJA, SANGRE AZUL - Fuente: QUO




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